Hugo Silva y Macarena García desafían los tabúes de la paternidad y el duelo en ‘Un hijo’

30 de abril de 2026
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La película de Nacho La Casa explora la educación basada en el «miedo a la sensibilidad» y reivindica el papel esencial de los orientadores escolares

Hugo Silva y Macarena García encabezan el reparto de Un hijo, un largometraje dirigido por Nacho La Casa que pone el foco en el acompañamiento emocional infantil frente a la pérdida. La cinta profundiza en las grietas de una educación tradicional que, a menudo, confunde fortaleza con dureza. Según ha explicado Silva en la presentación, la historia propone una reflexión sobre los beneficios de una visión más abierta, asegurando que «el feminismo en general es bueno para todos y propone una sociedad mucho más sana».

El actor da vida a Manuel, un padre que intenta proteger a su hijo Guille endureciéndolo para que la vida no le haga daño, una estrategia que Silva califica como una «idea muy equivocada». El intérprete ha confesado que este papel es un homenaje personal a su propio padre, quien por miedo intentaba ocultar su cariño bajo una fachada de fortaleza. Para Silva, educar a los hombres en la represión de los sentimientos es un modelo caduco que busca evitar el dolor pero acaba bloqueando la felicidad.

Por su parte, Macarena García interpreta a una orientadora escolar que ejerce como una «Mary Poppins moderna», aunque atrapada en un sistema que no reconoce su labor. La actriz ha señalado que, tras investigar para el papel, descubrió que muchas profesionales sienten una gran «necesidad de tener unas condiciones mejores». Según García, el gran conflicto de su personaje nace de no sentirse valorada ni vista como una figura importante dentro de la comunidad educativa, a pesar de ser clave en el bienestar del alumnado.

Esta falta de reconocimiento es una preocupación que comparte el director, Nacho La Casa, quien detectó en su proceso de documentación un sentimiento de «resquemor» entre los orientadores por no ser considerados al mismo nivel que los docentes. El cineasta ha querido plasmar en pantalla esa desconexión institucional, resaltando cómo la precariedad de estos perfiles afecta directamente a la capacidad de ayudar a niños que, como el protagonista, atraviesan situaciones de gran complejidad emocional.

Un hijo aborda el desconcierto de los adultos ante la muerte y la tendencia a sobreproteger a los menores disfrazando la realidad. Hugo Silva insiste en que, aunque la muerte es un tabú complejo, «los niños se enteran de todo y lo normalizan todo», aunque les falten las herramientas para nombrarlo. La película invita así a romper el silencio y a entender que la vulnerabilidad y el acompañamiento sincero son las mejores herramientas para que un niño crezca sano y resiliente.

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