Las fiestas suelen asociarse a reuniones, celebraciones y compañía. Sin embargo, para muchas personas mayores suponen justo lo contrario. La soledad no deseada, considerada ya una de las grandes pandemias sociales del siglo XXI, se agrava en periodos festivos, cuando el contraste entre lo que se espera y lo que se vive se hace más evidente. Frente a este problema silencioso, los expertos coinciden en una idea sencilla pero poderosa: escuchar.
Desde Cruz Roja Española, la técnica del área de salud Alhena Pérez subraya que la soledad no deseada no es una elección. “Es uno de los mayores problemas sociales actuales”, afirma. Sus causas son múltiples: la jubilación, el duelo, la migración, la pérdida de redes sociales o los estigmas que dificultan pedir ayuda. Aunque afecta especialmente a las personas mayores, cada vez se detecta también en jóvenes y personas migrantes.
Uno de los errores más comunes es reducir el acompañamiento a los cuidados físicos. Según los expertos, cuidar también es escuchar. En este sentido, iniciativas como Cruz Roja Te Escucha, nacida durante la pandemia, ponen el foco en el desahogo emocional. Tras un primer triaje psicosocial, se ofrece acompañamiento telefónico semanal a personas que se sienten solas. A veces, una conversación regular marca la diferencia.
Hablar abiertamente de la soledad ayuda además a romper estigmas. Muchas personas mayores no expresan su malestar por miedo a incomodar o a ser vistas como una carga. Visibilizar el problema y tejer redes comunitarias permite que el entorno, familia, vecinos, asociaciones, se implique de forma natural.
El impacto de la soledad no deseada es tan profundo que la Organización Mundial de la Salud la ha señalado como una amenaza global. No se trata solo de estar físicamente solo. Una persona puede sentirse sola incluso rodeada de gente si sus relaciones son poco satisfactorias o superficiales, según Europa Press.
El coordinador del Grado en Trabajo Social de la Universidad Internacional de La Rioja, Santiago Prado, advierte de una “gravedad extrema” del problema. En fechas como Navidad, explica, la soledad se intensifica porque se evocan recuerdos, reencuentros familiares y tradiciones que no todos pueden compartir. Pero el problema no desaparece el resto del año.
Prado señala que vivimos en una sociedad marcada por el exceso del individuo, donde se prioriza lo propio y se descuida al que está al lado. Esto se nota especialmente en las grandes ciudades, donde la convivencia no siempre genera comunidad. Por eso insiste en ir más allá del saludo rápido: dedicar tiempo sin prisas es un acto profundamente transformador.
También recomienda no imponer actividades a las personas mayores, sino preguntarles qué desean hacer. Grupos de conversación, teatro o espacios donde puedan compartir recuerdos suelen resultar más satisfactorios que propuestas rígidas. “Cuando se sienten escuchados y valorados, se sienten parte”, resume.
En definitiva, combatir la soledad no deseada no requiere grandes gestos. A veces basta con sentarse, mirar a los ojos y escuchar. En fechas señaladas, y también el resto del año, ese tiempo compartido puede convertirse en el mejor regalo.