Nace en un pesebre el Rey de reyes que llama a la entrega y al perdón, al arrepentimiento y a la paz, a la transformación del corazón

25 de diciembre de 2025
2 minutos de lectura
Imagen creada con IA.

«El amor incondicional es la esencia de la vida.» — Anónimo

El tiempo litúrgico de preparación para la Navidad, el Adviento, la memorable espera, se traduce en inimaginable júbilo de exaltación divina al ver el fruto de la gloria del Padre que, encarnado en María Purísima, es donado para la limpieza de nuestras almas y la transformación de nuestros corazones.

¡Ha nacido un Rey! Un Rey al que los Reyes de la tierra verán y se pondrán en pie, a quien los príncipes se inclinarán (Isaías 49:1-16); la magnífica bienaventuranza del nacimiento de Jesús, el unigénito, el predilecto del Señor de los Cielos, de aquel en cuyo rostro y alma se satisface y recrea el diseñador y constructor del universo, aquel en quien el Padre se enaltece; se ha dignado nacer entre los hombres, para liberarnos, para ser ejemplo de amor.

Miríadas de ángeles entonan cantos de alabanza al mensajero celestial, al portador de paz, al hijo de Dios que ha bajado de los cielos para salvar a los hombres, al todo inmaculado que en inocente presencia es una luz entre nosotros, al redentor que es la delicia del Padre Glorioso y que por su bondad infinita será entregado cual cordero al sacrificio para expiar los pecados de la humanidad.

¡Ha nacido un Rey! Un prodigio de niño, que es la esperanza de los pueblos y de las naciones de la tierra, un niño que llena de gozo los corazones de los hombres de buena voluntad y de los hombres mansos.

El niñito Jesús, que es pura dulzura, pura ternura, pura inocencia, puro amor y todo alegría, nos llama al reencuentro fraterno, a la entrega y al perdón, al arrepentimiento y a la paz, a la transformación, al nacer de nuevo, a la reconciliación, al sacrificio, a la oración, a la alabanza al Padre y nos extiende sus tiernas manitas para caminar con él, para que seamos dócil rebaño que él pueda pastorear.

Dios está con nosotros, es el significado del Enmanuel de los hebreos; démosle entonces un sentido pragmático en nuestras vidas y no pongamos en su tierno rostro pucheros de descontentos, no lo hagamos sonrojar de desagradecimiento y no ofendamos su infantil mirada con actos que nos envilezcan. Hagamos que su inocencia permanezca intacta e incorruptible y no escandalicemos su magnificencia.

La Natividad del hijo de Dios, es tiempo para que Jesús nazca también en nuestros corazones y se apodere del timón de nuestras vidas, para navegar en aguas llenas de fortaleza divina, orientados con la brújula de su palabra y el faro de su esperanza.

Nuevamente conmemoramos la llegada del cordero, estamos a tiempo para hacer menos pesada su cruz y su sacrificio, reconozcamos la trascendencia de su entrega y que tanto amor no sea en vano.

¡Ha nacido un Rey! ¡Que viva el Rey!

«La fe sin obras es estéril, pero la Navidad es el tiempo de la obra más grande de amor.» — San Juan Pablo II

Dr. Crisanto Gregorio León, profesor universitario

Responder

Your email address will not be published.

No olvides...

Dimite el director del Centro de Contraterrorismo de EE UU por desacuerdos sobre la guerra en Irán

La renuncia refleja divisiones internas en la estrategia de seguridad de Estados Unidos en un momento clave del conflicto en…

Israel confirma la muerte de Ali Larijaní, figura clave del régimen iraní y mano derecha de Jamenei

La ofensiva israelí golpea el núcleo del poder iraní y eleva la tensión en un conflicto que amenaza con intensificarse…

Cuba sufre un apagón masivo y un terremoto mientras Trump dice que sería un honor tomar la isla

Millones de cubanos afrontan cortes de electricidad y la sacudida de un seísmo mientras crece la tensión política internacional en…

Otras perspectivas económicas del pulso de Sánchez a Trump a cuenta de la guerra

El pulso que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está teniendo contra el presidente de EEUU, Donald Trump, repercute en…