Forzando alegrías

3 de enero de 2026
1 minuto de lectura
Reloj de la Puerta del Sol (Madrid)

Nos enseñan cuándo deben coincidir las uvas con los sonidos, como si a la mañana siguiente tuviésemos que regresar al parvulario

Lo más decepcionante del ser humano es que tiene que inventar alegrías para ser feliz. Por eso obliga al reloj de la Puerta del Sol a dar en diciembre las últimas campanadas del año, como si creyéramos de verdad que la fatalidad acaba o el Presidente de Gobierno ha presentado la renuncia.

Siempre, eso sí, nos enseñan cuándo deben coincidir las uvas con los sonidos, como si a la mañana siguiente tuviésemos que regresar al parvulario. Aunque hemos de reconocer que cada año nos equivocamos en todo de la misma manera, a pesar de que la piedra con la que tropezamos sigue estando en el mismo sitio.

Mientras tanto, el pueblo se deja entretener con los vestuarios de la nochevieja y cuál ha sido la cadena con mayor dosis de vulgaridad. Lo dicho: forzamos ocurrencias para seguir engañados.

La alegría que permanece como una costumbre feliz nace de una conciencia en paz, limpia, honesta y solidaria. Y no necesita campanadas.

Pedro Villarejo

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