España, el paraíso de los ‘okupas’

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Manifestación ciudadana contra los okupas. / EP

Ya ocurría así, pero con la nueva ley de la vivienda el propietario es víctima de la impunidad porque su casa está al capricho de ‘okupas’ que tienen todos los derechos y ningún deber. Este Gobierno del PSOE, casado con lo peor de la política española, ha olvidado que la obligación constitucional de favorecer el acceso a una vivienda corresponde a los poderes públicos, no a los ciudadanos

JOSÉ JUAN
A ver querido lector cómo se lo explico con la mayor delicadeza.

Caso 1: vamos a suponer que a usted un día le tocó la Lotería o el Cuponazo, -yo no he pasado nunca del reintegro pero dicen por ahí que hay gente a quien le toca-, y con el premio decide invertir en una o dos viviendas, según la suerte, para garantizarse un dinerillo extra, si lo alquila, y dejarle algo de patrimonio a los niños que es siempre en lo que sueñan los padres.

Vamos a suponer en el caso 2 que ha heredado una casilla de los padres en el pueblo o en la playa, que decide arreglar para visitar los recuerdos de vez en cuando y no perder sus raíces. O vamos a suponer, en el caso 3, que usted no ha sido de viajar en cruceros, ni de muchas vacaciones, ni siquiera de demasiadas cervezas en terracitas de verano, y ha decidido ahorrar para invertir lo que se ha ganado con el esfuerzo de su trabajo y sacrificios en un piso o en dos o en tres porque se lo podía permitir, para que con el alquiler se ayude cuando le llegue la jubilación porque, para colmo, ha sido autónomo y con su pensión le darían ganas de llorar. Todos estos supuestos y muchos más como la mujer que se desplaza por un tiempo para cuidar a sus padres enfermos y al regresar se encuentra que su casa se la han invadido, todos son casos reales. Yo mismo conozco a gente en estas situaciones.

Sepa que está jodido en cualquiera de las infinitas circunstancias que se puedan dar si sus inquilinos deciden dejar de pagarle y se quedan de ‘okupas’, o que una familia se pase por la puerta de su casa, le echa el ojo y se mete en ella para ‘okuparla’. Sí, está muy jodido. Tocado y hundido. Acaba de empezar para usted un infierno procesal y administrativo en el que tardará muchos años en recuperar su propiedad,
si es que lo hace, y lo hará seguramente con un destrozo enorme en el que arrancarán y robarán hasta las alcayatas de los cuadros, porque esa es la manera en la que los vándalos agradecen la hospitalidad.

Y por supuesto todos esos años usted a pagar recibos de IBI, luz y agua. No se le ocurra cortar ningún suministro ni dejar de pagar nada porque se las tendría que ver con la justicia. Para echarlos de su propiedad todo son problemas y trabas legales, pero para usted es la impunidad y la soledad más absoluta. Eso es lo que hay. Esta situación surrealista en la que ha convertido el Gobierno este país me recuerda mucho al chiste de los dos amigos que van por la sierra y cuando uno de ellos se pone a orinar le muerde en la chorra una serpiente venenosa.

—Rápido Manuel, mira el manual se supervivencia para ver qué hay que hacer en estos casos —le dice angustiado Carlos—. Manuel lee que
hay que chupar con intensidad en el lugar de la picadura para succionar el veneno. Lo mira y le dice:
—Oye Carlos, que dice que te mueres.

Pues eso, si usted es propietario de una vivienda sea o no para alquiler, sepa que está perdido como algún grupo familiar considerado vulnerable -que además es usted quien debe demostrar que no lo es- decida que es perfecta para vivir en ella, y por la cara. Y mucho más si van con niños porque siempre van con muchos niños, unos hijos, otros primos y sobrinos, y a veces van con otras familias de compañía.

En España están pasando cosas muy raras desde que este gobierno socialista cruzado con Podemos llegó al poder. Y no pasa nada y nadie levanta la voz cuando está en cuestión el derecho a la propiedad privada (artículo 17 de la Constitución: toda persona física o moral tiene derecho al respeto de sus bienes); cuando se castiga el ahorro y el esfuerzo y se premia el vandalismo ‘okupa’; cuando el Gobierno descarga en los ciudadanos la exigencia constitucional de facilitar una vivienda y cuando se acepta la mentira y en engaño como algo natural en la política y las instituciones al anunciar, por ejemplo, que se pondrán a disposición de las personas necesitadas 183.000 viviendas en alquiler social.

Feijóo tiene ‘gracia’

El líder la derecha española, Núñez Feijóo, que es más soso que un alemán triste, ha tenido una ocurrencia que tiene mucha gracia al referirse a los sucesivos anuncios del presidente Sánchez para habilitar miles de viviendas para alquiler como “el milagro de los panes y los
pisos”.

Hay que reconocerlo, ha estado bien el ‘popular’ sea suya la idea o se le hayan prestado porque, bien visto, la oferta del Gobierno para que los españoles accedan a tantas viviendas de alquiler social sería un milagro de los gordos, cuando sabemos ya que miles de ellas ni siquiera existen, otras tantas están hechas polvo y necesitarían de mucho tiempo y dinero para acondicionarlas, y algunas más están ya ocupadas.

Eso quiere decir que de las 183.000 viviendas que promete Sánchez para alquiler social realmente disponibles a corto y medio plazo serán
pocas y parte de esas están ubicadas en zonas periféricas o municipios con poca demanda y en general alejadas de las zonas urbanas donde
encontrar piso sí es un problema de verdad para jóvenes que se intentan abrir paso en la sociedad o para familias trabajadoras que no llegan a fin de mes.

Y todo eso sin tener en cuenta una tontería de nada: que las competencias en materia de viviendas están en manos de las autonomías y algo o todo tendrán que decir. Mientras el presidente Sánchez camina por encima de las aguas, el Congreso aprobó este jueves en una votación muy ajustada, la ley de la vivienda, probablemente la norma que más tiempo de negociación ha consumido en el Gobierno de coalición, primero, y en la propia Cámara baja después, y por fin ve la luz a pocos días de las elecciones.

Casualidad, dirán los confesos, oportunismo divino dirán los mal pensados, pero sea como fuere ahí está ya una ley que nos llega de los creadores de la ley del ‘solo sí es sí’, que será casualidad o no, pero ha tenido tantos problemillas que han tenido que reformarla hasta los cimientos del sentido común, y ésta de la vivienda tampoco pinta muy bien, sobre todo en lo que se refiere al grave problema de la ‘okupación’ de viviendas con total impunidad que alejará del mercado parte de la oferta ante la indefensión de los propietarios para recuperar su propiedad.

Sí a políticas solidarias

No se trata de dejar a su suerte a los que más lo necesitan, ni se trata de anidar la idea de favorecer una sociedad que mantenga a los que mucho tienen alejados de los que tienen poco o nada.

Con los impuestos se deben favorecer políticas solidarias que ayuden a la dignidad de todos y cada uno de los ciudadanos, que impidan que los niños malvivan en la indigencia o sin techo y que sus padres puedan trabajar para procurar los recursos que necesita su hogar. Nadie con alma podría querer otra cosa que el amparo de los necesitados y son las administraciones las que deben trabajar para que así sea.

De la ley de la vivienda se podría entender y hasta razonar que se dificulten los desahucios de personas en situación de vulnerabilidad económica, caso de ancianos, especialmente cuando el arrendador sea un gran tenedor de inmuebles como los bancos. O incluso fijar un límite para la actualización del precio de los alquileres para evitar abusos, aunque no son pocos los que advierten de que la intervención de los precios ya ha demostrado que, lejos de lo que se pretende, provoca un encarecimiento de la vivienda allí donde se ha puesto en marcha. Ejemplos de ello hay en ciudades como Nueva York, Berlín o Barcelona, donde se aplican.

Hay que hacer bueno de una vez por todas el artículo 47 de la Constitución Española que declara que todos los españoles tienen derecho a
disfrutar de una vivienda digna y adecuada y atribuye a los poderes públicos la obligación de promover las condiciones necesarias y establecer las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho. Me pregunto qué parte de que ‘es obligación de los poderes públicos facilitar una vivienda digna’ no han entendido el presidente Sánchez y sus podemitas.

En la Constitución no dice nada de que los ciudadanos se busquen la vida ‘okupando’ las propiedades de sus vecinos mientras yo Gobierno miro para el otro lado y obligo a los jueces a que lo hagan con mis leyes. En fin, que si es propietario no le envidio porque eso de vivir angustiado por si te ‘cogen’ la casa del pueblo, o si se te meten en tu piso cuando te vas un fin de semana, eso cansa mucho y no lo arregla ni la mejor empresa de vigilancia por muchos sensores de movimiento, alarmas sonoras y hasta infrarrojos que se monten en las cornisas. Cuando llega la ‘fragoneta’ se acaba la tecnología.

Bueno, les dejo, que me han dicho que los dueños de un chalecito se han ido unos días a San Sebastián y quizás me quede una temporada ahora que llega el buen tiempo. Total, tengo los gastos pagados y como soy vulnerable -o que alguien me demuestre lo contrario- tengo al Gobierno y a los jueces de mi parte. ¡Estoy en España, el paraíso de los ‘okupas’!

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