El vino tinto puede ser un aliado para la salud mental

13 de abril de 2025
2 minutos de lectura
Vino tinto. | Fuente: Canva
JOSÉ CARLOS PALACIOS

En días pasados, durante una cena entre amigos, tuve la oportunidad de conversar con un grupo de psiquiatras sobre un tema que, con frecuencia, reaparece en reuniones informales: el vino y su impacto en la salud.

En medio de la charla, recordé una frase que he compartido más de una vez y que despierta interés y escepticismo: una copa de vino puede ser útil para atenuar ciertos estados mentales intensos, como los que se presentan en casos de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o de trastorno límite de la personalidad.

Más allá de la experiencia anecdótica, la ciencia comienza a dar sustento a esta idea. Un estudio conjunto de la Universidad de Buffalo (Estados Unidos) y la Universidad de Medicina de Xuzhou (China) ha revelado que el resveratrol, un compuesto presente en la piel de las uvas negras, podría ofrecer beneficios relevantes para la salud mental.

Este antioxidante, también encontrado en frutas como la frambuesa y la mora, ha sido reconocido durante años por sus efectos cardiovasculares. Sin embargo, los hallazgos recientes sugieren que su capacidad para modular la respuesta al estrés y su interacción con neurotransmisores específicos podrían hacerlo útil también en el tratamiento de la ansiedad y la depresión.

El vino tinto, por tanto, no solo es una bebida de tradición y sabor, sino que podría convertirse en una herramienta complementaria para mejorar el bienestar emocional.

Por supuesto, la clave está en la moderación. Como señalan los expertos, los beneficios asociados al consumo del vino tinto se observan cuando se ingiere en cantidades controladas: hasta dos copas al día para los hombres y una para las mujeres, y no necesariamente a diario.

Vale la pena subrayar que estos efectos positivos no se deben al alcohol en sí, sino a los polifenoles presentes en la bebida, siendo el resveratrol uno de los más destacados. Entre los beneficios reportados se incluyen la disminución de la presión arterial, el aumento del colesterol HDL (conocido como “bueno”), la reducción del riesgo de coágulos sanguíneos y una acción antioxidante que contribuye al equilibrio general del organismo.

Por supuesto, no todos los vinos son iguales: su valor nutricional y terapéutico depende en buena medida de la cepa utilizada y del proceso de vinificación. En ese sentido, conviene informarse y elegir con criterio, especialmente si se desea incorporar el vino como parte de un estilo de vida saludable y consciente.

Así pues, el vino tinto, cuando se consume con responsabilidad, puede ir más allá del placer sensorial: podría acompañarnos como un aliado en el cuidado de la mente y del cuerpo. Que así sea, y que nuestras elecciones —en la copa y en la vida— siempre busquen el equilibrio.

Por su interés reproducimos este artículo de José Carlos Palacios publicado en Diario de Yucatán.

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