El Prado inicia la restauración de ‘Pablo de Valladolid’ de Velázquez, la obra «más asombrosa jamás pintada», según el pintor francés Manet

4 de febrero de 2026
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Imagen del descolgado de la obra 'Pablo de Valladolid'. | Museo del Prado

El retrato ha tenido una influencia duradera, como demuestra que Goya se inspirase en él para su retrato de Francisco Cabarrús

El Museo del Prado ha trasladado este miércoles el lienzo Pablo de Valladolid, de Velázquez, al taller de restauración para iniciar su análisis técnico y posterior intervención, gracias al patrocinio de la Fundación Iberdrola España como miembro protector de su Programa de Restauraciones.

Antes de iniciar la restauración, informa el Prado, se han llevado a cabo una serie de análisis técnicos que permitirán ampliar la información material que ya se conoce sobre este retrato. La reciente incorporación al Museo del Prado de nuevos equipos de investigación hace posible profundizar en el estudio de la obra desde dos enfoques complementarios: el análisis material mediante XRF scanning y el examen por reflectografía infrarroja multiespectral.

Obras de Velázquez

Entre los retratos más singulares de Diego Velázquez destacan los dedicados a los bufones y hombres de placer de la corte de Felipe IV, un grupo de obras en el que el pintor alcanzó algunas de sus soluciones más audaces. Uno de estos ejemplos es el retrato de Pablo de Valladolid, personaje documentado al servicio de la Corte entre 1632 y 1648 cuya función respondería a sus dotes interpretativas o a su carácter burlesco.

Velázquez lo retrata como una figura aislada, firmemente asentada en un espacio indefinido, construido únicamente mediante la sombra que proyecta su cuerpo. Esta radical simplificación del escenario, sin precedentes claros en la pintura de la época, convierte la obra en un auténtico ejercicio de innovación artística.

Mezcla de seguridad y soltura

El fondo neutro concentra toda la atención en el gesto del personaje, captado en una actitud que se ha interpretado como declamatoria. La pintura está realizada con una mezcla de seguridad y soltura propias del estilo maduro de Velázquez, y el análisis estilístico permite fecharla entre 1632 y 1635, durante los primeros años del artista al servicio de la Corte.

El retrato de Pablo de Valladolid ha tenido una influencia duradera, como demuestra que Goya se inspirase en él para su retrato de Francisco Cabarrús, y décadas más tarde, en 1865, Édouard Manet calificase a esta obra como la mejor de todas las pinturas. «Es quizá el trozo de pintura más asombroso que se haya hecho jamás. El fondo desaparece; es aire lo que rodea al hombre, vestido todo de negro y lleno de vida», afirmó el artista.

Manet había viajado a España buscando escapar de las duras críticas que recibía en París y al llegar al Museo del Prado, quedó absolutamente deslumbrado por la técnica de Velázquez, a quien bautizó como el «pintor de pintores».

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