El perito no es un oráculo

17 de enero de 2026
2 minutos de lectura
La falibilidad técnica frente al estrado
El rigor científico como límite a la discrecionalidad

«El perito es un sujeto sometido al rigor de la ciencia, no un oráculo por designación.» Doctor Crisanto Gregorio León

En la administración de justicia, la figura del perito forense suele ser erróneamente elevada a un pedestal de infalibilidad. Existe la tendencia peligrosa de recibir el dictamen pericial como una verdad absoluta, una suerte de revelación mística que no admite cuestionamiento alguno. Sin embargo, es imperativo desmitificar esta función: el perito no es un adivino ni su nombramiento le otorga facultades clarividentes; es, ante todo, un técnico cuya autoridad emana exclusivamente de la calidad, la actualización y la comprobación de su método.

La labor del experto forense debe estar anclada en el rigor científico. Un peritaje que carece de precisión técnica, que ignora los protocolos de su especialidad o que se basa en la mera intuición, pierde toda validez jurídica. No por el hecho de ostentar el título de «forense» el experto posee un conocimiento total e incuestionable. La experiencia sin estudio constante y la técnica sin precisión son el camino más corto hacia el error judicial. La ciencia, a diferencia de los oráculos, no entrega profecías, sino datos verificables y reproducibles bajo la luz de la razón.

Es alarmante observar cómo, en el desarrollo de juicios orales, algunos peritos médicos o especialistas forenses flaquean ante el interrogatorio básico sobre sus competencias. Resulta una barbaridad jurídica que, al ser consultados sobre los estándares internacionales que rigen su práctica, respondan con un «no entiendo la pregunta». Esta confesión de ignorancia no solo descalifica al experto, sino que vicia el proceso. Un peritaje que desconoce los protocolos globales —como los de la Academia Americana de Ciencias Forenses o las guías de la OMS— no es más que una opinión subjetiva disfrazada de ciencia. La justicia no puede ser rehén de profesionales que no comprenden la magnitud de su responsabilidad o que han dejado de lado la especialidad por la comodidad de un cargo.

Preponderantemente, en el ámbito forense, donde la libertad y los derechos fundamentales están en juego, no se puede permitir que la falta de pericia nuble el juicio. Es deber de las partes investigar la trayectoria, las publicaciones y el dominio técnico del experto. Un perito que no domina la especificidad de su área o que entrega informes sin sustento empírico, está ofreciendo un insumo intelectual viciado al juzgador. La justicia no debe nutrirse de suposiciones ni de títulos vacíos, sino de la robustez de la prueba técnica bien ejecutada y demostrable.

En conclusión, el peritaje es una herramienta de auxilio judicial, no un dogma de fe. Si el dictamen no resiste el análisis crítico de la lógica, la técnica y la ciencia internacional, debe ser descartado sin vacilaciones. El perito debe ser un esclavo de la evidencia, manteniendo siempre la rectitud de quien sabe que su conocimiento es un puente hacia la verdad material, pero jamás la verdad misma por decreto administrativo.

«La justicia que eleva el error técnico a la categoría de verdad, termina por sacrificar la libertad en el altar de la ignorancia pericial.» Doctor Crisanto Gregorio León.

Doctor Crisanto Gregorio León

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