El juez Juan Carlos Peinado ha vuelto a dedicar un miércoles de Semana Santa a tomar el pulso al caso Begoña Gómez, en una sesión que apenas ha aportado novedades. El acto ha sido, una vez más, un trámite formal para informar a las partes de que, en caso de celebrarse juicio, este correspondería a un jurado popular. Tampoco ha habido sorpresas en las posiciones: los investigados —la esposa del presidente, su asesora Cristina Álvarez y el empresario Juan Carlos Barrabés— no han acudido y han dejado su defensa en manos de sus abogados, que, en línea con la Fiscalía, han solicitado el archivo de la causa.
La estrategia de las defensas ha pasado por reforzar su petición de cierre con nuevas pruebas. El abogado de Gómez, el exministro Antonio Camacho, ha solicitado la comparecencia como testigo del responsable de la cátedra que ella codirigía en la Universidad Complutense, además de la incorporación de tres informes periciales. Estos documentos buscarían aclarar el papel del cónyuge del presidente del Gobierno, el funcionamiento de las cátedras extraordinarias y la existencia —o no— de un perjuicio económico para la universidad. Por su parte, la defensa de Álvarez ha pedido que se requiera a Moncloa un certificado que avale que su trabajo se ajustaba a sus funciones.
Frente a ello, las acusaciones populares, encabezadas por Hazte Oír, han insistido en la necesidad de ampliar la investigación. Han reclamado nuevas diligencias, entre ellas la obtención de la vida laboral completa de Gómez, la actualización del salario de Álvarez y más información sobre reuniones relacionadas con el desarrollo de un software vinculado a la cátedra. Según apuntan, en esos encuentros habría participado la asesora, tal y como ya señaló una de las empresas implicadas en el proyecto. Y su intención es que se siente en el banquillo de un jurado popular, como entiende el juez Peinado.
Frente a las tesis de los abogados de las defensas que sostienen que son «conjeturas sin pruebas» las imputaciones del juez Juan Carlos Peinado contra Begoña Gómez, Bego, la mujer del presidente Pedro Sánchez e hija de uno de los magnates de prostitución de Madrid, están las evidencias y el artículo 428 del Código Penal, que encaja a la perfección en la conducta criminal de Begoña.
Hay datos objetivos sobre estas corruptelas. Y no son conjeturas.
Nunca la mujer de un presidente, ni siquiera europeo, se había sentado en el banquillo por corrupción bajo la sombra de su marido siendo aún presidente.
Los principales delitos que Peinado les atribuye (que nada tienen que ver con los bulos de los que habla Pedro Sánchez, puesto que se trata de delitos concretos y de que es un juez quien los imputa) no son fruto de la imaginación de nadie, son tráfico de influencias, corrupción, fraude y malversación de caudales públicos.
Las defensas sostienen que el juez Peinado está actuando contra Begoña Gómez por ser la esposa del presidente del Gobierno Pedro Sánchez. La fiscalía (que depende de su marido, tal como ha reconocido el propio Sánchez, y es cierto porque al jefe de los fiscales lo nombra él) está con ella en este proceso. Hay delitos cuando menos susceptible de verse en un juicio, y, sin embargo, el fiscal no acusa.
Hay órdenes de arriba para que el fiscal adscrito al Juzgado 41, no acuse y, por el contrario, defienda a la reo y, por extensión, a los otros encausados. Por lo general los fiscales acusan.
¿En qué cabeza cabe que la Universidad Complutense de Madrid pueda nombrar, y nombre, catedrática de sostenibilidad a una mujer que a lo sumo tenía el bachiller pero ninguna carrera universitaria? ¿Acaso Begoña era una adelantada en su tiempo? Es la única en la historia de España nombrada catedrática sin ser ni siquiera universitaria.
Señalan los abogados defensores, y la fiscalía dependiente de Sánchez, que no hay evidencias de irregularidad alguna como para someter a Begoña a un juicio con jurado, y menos aún por cinco delitos, especialmente los de tráfico de influencias y malversación de dinero público
Aún así la Complutense la nombró catedrática cuando su marido era presidente. Un caso inédito y sin precedentes. Begoña es hija de uno de los grandes magnates de la prostitución y las saunas gais de toda la zona centro de España. Sabiniano se llamaba, murió hace varios años.
Para colmo, y dicen las defensas que se trata de otra conjetura, Begoña Gómez se apropió y puso a su nombre un software que pertenecía a la Universidad, y que se lo había hecho para ella (‘por ser vos quien sois’) la empresa en la que su marido tenía colocado como presidente a su amigo Murtra. Es decir, Indra.
Le hizo la aplicación informática, que valía casi 200.000 euros, la tecnológica Indra, y fue pagada por Telefónica y Google.
En Telefónica su marido tiene colocado a otro amigo, tras hacerse el Estado con el control de la compañía gracias a que Sánchez, con el dinero de todos, invirtió en ella en acciones casi 3.000 millones de euros. Hace un par de años.
Quería controlarla, ya lo hace, a efectos de la publicidad que otorga a los medios de comunicación la internacional telefónica. No por interés público, sí personal, el de Sánchez. Controlar los medios con el cebo de la publicidad.
¿Acaso fue designada catedrática Begoña por su incuestionable valía académica o, como resulta más lógico, porque era la esposa y madre de las hijas de Sánchez?
El rector de La Complutense estuvo varias veces en el palacio de La Moncloa invitado por Begoña, obviamente para hablar de la cátedra.
Es absolutamente anormal que un rector, en este caso de la principal universidad pública de España, acuda a la casa de un subordinado que ni siquiera es universitario para montarle una cátedra. Y ella, como directora.
Y, además, a la cátedra Begoña le puso el apellido de sostenibilidad, esa palabra siempre está tan en boga en la lengua de Sánchez y su entorno.
El juez ve tráfico de influencias por doquier. Ojo, al tiempo de ser nombrada catedrática implícitamente pasó a ser una funcionaria pública.
Este dato es fundamental de cara a algunos de los delitos que le atribuye el juez Peinado, acosado por los hombres de Sánchez desde que se hizo cargo de la investigación. Con Peinado han intentado de todo.
El presidente del Gobierno que habla de transparencia y respeto a la justicia, le puso una querella a Peinado para sacarlo del caso. El Tribunal Superior de Madrid la tumbó en seguida.
¿Son también conjeturas, como sostiene el ex ministro de Zapatero y ahora abogado de Begoña Antonio Camacho, que Begoña firmó varias cartas destinadas a una Administración de la que su marido es el jefe, apoyando de esta forma que se le dieran suculentas subvenciones públicas a las empresas del grupo de su amigo Carlos Barrabés, quien, por su lado, le organizó la catedral de La Complutense.
Las subvenciones, cómo no, fueron concedidas.
¿Y también son conjeturas que, pese a que Begoña no tiene ningún cargo oficial o institucional por el hecho de ser la esposa de…, ordenase contratar, con sueldos de hasta 6.000 euros al mes y todo tipo de complementos, a su íntima amiga Cristina Álvarez?
Esta le hizo de secretaria y era quién le gestionaba su cátedra de La Complutense, entre otros recados y encomiendas con fines lucrativos personales que le hizo la mujer un presidente que nunca ganó ningunas elecciones y que se mantiene en el poder con unos presupuestos prorrogados desde hace años y sin apoyo parlamentario.
Cuando tuvo el apoyo de los catalanes de Junts fue a costa del talonario de todos. Sánchez sabe que el dinero no es suyo y no le importa dar a cambio de seguir en el sillón de La Moncloa.
Y ello a pesar de que se trata del único presidente que ha tenido España que no puede pisar la calle sin que lo insulten y abucheen, se mantienen el poder sin apoyo del Parlamento y sin poder hacer leyes, mientras a su mujer la otea el banquillo.
Y, faltaba este, su hermano el músico, David, el que no sabía donde estaba la oficina de artes escénicas de Badajoz de la que él era director, ya está procesado, también por tráfico de influencia, para colocarse como director de música en la Diputación de Badajoz.
Nunca se había visto en España un presidente de esta calaña, más preocupado por sus intereses personales que de los públicos.
Y aún quedan por llegar a Rota y Morón la desolación de que sus bases desaparezcan y acaben instaladas por orden de Trump al norte de Marruecos, que ya es el gran aliado de EE UU en la zona. Y que, no se olvide, exige Ceuta, Melilla y Canarias.
Caballo Loco sigue con su locura. Conozco jueces que están despotricando sobre la forma de llevar este proceso dejando en ridículo la justicia y a ellos.
Alicia Santana es el pseudonimo del juez Peinado para escribir en un periódico a ver si alguien le da la razón a sus locuras o es su hija?
Por Dios, ¿Quien ha dejado escribir todas estas tonterías en un periódico a esta señora? ¿De verdad te consideras periodista?