Vivir ha sido siempre sinónimo de esfuerzo. Decía Pericles que el secreto de la libertad es el coraje. Si queremos alcanzar esa libertad en plenitud que se supone nos ofrece la vida, será necesario valor para dejar atrás el pesado equipaje de la memoria, también será preciso que luzca en nosotros el fruto de alguna cosa bien hecha y que el amor dispare esa fuerza más grande que el entendimiento a la que llamamos los pobres esperanza.
Sin estos requisitos, creo que cualquier otra vida anuncia ya en sí misma un doloroso fracaso, porque sólo merece la pena vivir si la terraza de dentro nos reclama o, lo que es igual, si seguimos todavía insatisfechos con nosotros mismos.
Cuando rescataron con vida en la India a una anciana de 92 años, después de algunos días bajo los escombros… pensé que esta mujer no ha muerto porque tiene aún mucho coraje que contarnos. Hay vidas que pasan sin pena ni gloria. Otras, resistiendo bajo el cemento partido, nos devuelven la certeza de que siempre hay una mano que redime cuando la vida –a esa edad también— se tiene conciencia de que puede seguir dando fruto.
pedrouve