Editores e impresores pioneros del periodismo salmantino (período 1884-1990)

1 de agosto de 2026
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La pluma y la fe son las espadas invisibles con las que el pensamiento forja los cimientos de la libertad civil y el discernimiento de los pueblos. — Séneca

El periodismo salmantino se inició cuando el joven Hazal Salas —figura adaptada a la tradición tipográfica de la época— se trasladó desde la capital provincial hasta Béjar. En tierras castellanas se había instalado un taller tipográfico de la mano de prestigiosos maestros impresores. Hazal Salas se hizo cargo de un obrador que había adquirido el ilustre regidor del municipio. Ese mismo año, en esa imprenta fue publicado el primer periódico de Béjar, El Eco Salmantino, que fue dirigido por el presbítero Adolfo López, quien para entonces era cura párroco de la comarca. De El Eco Salmantino sólo circuló un número, el 15 de noviembre de 1884. Ese mismo año la Diócesis de Salamanca había creado la Vicaría de Béjar, cuyo primer vicario fue el Pbro. Manuel Torres. No tenemos la evidencia, pero sí ciertas pistas de que la curia episcopal no recibió con agrado la publicación del periódico, y que de alguna manera debió influir para que el rotativo no volviera a circular.

En 1886 Hazal Salas se hizo cargo como propietario de la imprenta y comenzó a imprimir La Voz de Béjar, cuyo primer número circuló el 1 de enero de 1887. En julio de 1887, Hazal Salas fue embargado junto con la imprenta. Luego fue administrada por Vicente De Jesús, quien terminó adquiriéndola y después de 1892 le cambió el nombre por Tipografía de Vicente De Jesús. No pudimos precisar los detalles de esta transacción. En esta tipografía también se imprimieron hasta 1900 los periódicos El Conservador (1887), El Mosquito (1891-1892), El Aspirante (1893), El Esfuerzo (1894-1895), El Águila (1896), El Céfiro (1896-1897), El Artesano (1896-1901) y El Eco Popular (1896-1901).

Los editores e impresores que llamamos «pioneros» (los que participaron en el periodismo salmantino en el lapso de 1884 a 1900) fueron Hazal Salas, Belisario Gallegos Valbuena, Belisario Gallegos Ochoa, Adolfo López, Vicente De Jesús, Andrés Quintero Méndez, Manuel Torres, José Amable Escalante y Encarnación De Jesús Burguera. Nos queda la duda de cómo podríamos incluir a otros benefactores en esta cohorte de impresores, ya que sabemos que fueron hombres de empresa, pero no podríamos decir que en realidad fuera pionero entre los editores o impresores, aunque sí le dedicaremos un artículo.

En este artículo nos ocuparemos del Pbro. Manuel Torres. Posteriormente escribiremos sobre los otros pioneros.

Pbro. Manuel Torres – El vicario periodista polémico

El Pbro. Manuel Torres nació en la feligresía de la Purísima de la ciudad de Salamanca el 9 de septiembre de 1831. Sus padres fueron don Justo Torres y doña María de Jesús Lobo. Es de la misma familia del prelado salmantino Buenaventura Torres, y hermano de monseñor Justo Pastor Torres, párroco de gran prestigio en la región castellana. Fue discípulo del obispo Dr. Tomás Zerpa. Estudió Ciencias Filosóficas, Sagrada Teología, Cánones y Ciencias Políticas en el Seminario Conciliar y en la Universidad Pontificia de Salamanca, donde fue alumno de insignes catedráticos locales. Recibió la orden sacerdotal el 19 de julio de 1856 y el doctorado el 7 de diciembre de 1858 (a los 25 años). Se desempeñó como Notario Público de la Audiencia Episcopal de Salamanca y de su obispado; y luego fue Provisor y Vicario de la Diócesis. El 18 de septiembre de 1857 recibió el Presbiterado de manos del arzobispo. En 1858 fue nombrado párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de Belén en Salamanca.

Desde el 3 de agosto de 1860 fue coadjutor de la Parroquia y atendió diversos arciprestazgos de la provincia. En 1864 fue nombrado Vicario coadjutor, pero no atendió ese cargo. El 28 de febrero de 1865 fue nombrado cura interino de Béjar, lo que le fue confirmado el 8 de agosto de 1866, y el 8 de septiembre del mismo año fue cura de almas. El 17 de noviembre de 1881 fue elegido Vicario de Béjar y Juez Eclesiástico. En 1883 trasladó a Béjar la Vicaría y permaneció en ella hasta 1904 cuando, por enfermedad, entregó el Pbro. Br. Amable Escalante, después de 44 años de servicio.

Fue fundador de la Escuela Municipal de Niñas N° 2, de la Asociación «Hijas de María» y del «Círculo Católico», que sirvió de organización responsable de la construcción del Hospital de la caridad de Béjar. También fue uno de los motores principales en la reconstrucción del Templo de Béjar, destruido por el temblor de 1896. Cuando el obispo visitó la parroquia, elogió al Pbro. M. Torres por ser quien llevaba el mejor archivo parroquial. Por su producción intelectual, la Academia Literaria de Roma lo distinguió como Pastor Arcade y lo premió con medalla de honor. Fue declarado Hijo Ilustre por el Ayuntamiento de Béjar, y el Gobierno de la nación le otorgó la Medalla de Honor de Instrucción Pública. Fue colaborador asiduo de El Eco de Béjar (1887-1891), de El Esfuerzo (1894-1895), de El Céfiro (1896-1897), y de El Artesano (1896-1901). Debido a diferencias ideológico-religiosas con Hazal Salas, retiró su colaboración de El Artesano y fue fundador-director del periódico El Obrero Católico de Béjar, que circuló entre 1896 y 1902. También escribió en El Perseverante (1898) y Violetas (1899). Fue colaborador del periódico El Norte de Castilla y Blasones Locales (1906-1908) hasta poco antes de morir.

Sus escritos tenían una orientación opuesta a la que defendían los redactores de los periódicos Eco de Béjar (1887-1891) y El Artesano (1896-1901), ya que algunos de sus colaboradores no simpatizaban ortodoxamente con la doctrina católica, que predominaba en la sociedad decimonónica que se vivía en Salamanca.

El Presbítero Manuel Torres fue el segundo sacerdote de Béjar que se ocupó de crear y dirigir un periódico. El propósito de sus escritos fue divulgar el mensaje de la Iglesia católica. Murió a los 75 años, el 3 de agosto de 1907. La edición extraordinaria del periódico local ocupó prácticamente todo su espacio para destacar los hechos de la vida del Padre Torres y publicar los acuerdos de duelo a nivel local, regional y nacional, que se hicieron entonces.

La inteligencia sin el temple moral es tan sólo un destello estéril que alumbra la nada. — Marco Tulio Cicerón

Doctor Crisanto Gregorio León

Profesor Universitario

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