Cualquier intento de reconciliar las contrarias argumentaciones de los españoles para defender lo suyo, es una utopía sin la menor esperanza. Si el partido político que gana unas elecciones no es el propio, hay que arrasar su credibilidad hurgando en intimidades o sembrando calumnias. Nada más que leer los comentarios al margen de los artículos periodísticos para comprobar que mi análisis no está lejos de la verdad.
No tengo costumbre de ir recién levantado a los diarios para ver cómo los húngaros resuelven su vida. Ayer fue inevitable conocer algo de este gran País al destacar las elecciones ganadas por otro Pedro, Péter Magyar, frente al putinesco Orbán, tan adentrado en años, en kilos y en ideas, que cerraban cada vez más el Ormuz de su pensamiento… Seguro que en España, profundos conocedores de la geopolítica en cuestión, habrá dos manifestaciones que defiendan lo uno y lo contrario.
-Maestro, ¿cómo estuvo la tarde hoy en los ruedos?, preguntaron al torero “Guerrita”, que contestó sin haber tenido lucimiento:
-División de opiniones hubo: Unos defecaban en mi padre y otros en mi madre.
Pedro Villarejo