Pedro Sánchez debería llevar años refugiado en Filipinas. Si forzó la marcha del rey Juan Carlos a Abú Dabi por corrupto, con la aquiescencia omisiva de su hijo y de Letizia, Pedro debería estar más allá de Australia, por lo mismo pero multiplicado, con fuertes olores dispersos salidos de los traseros de su mujer, de su hermano y previsiblemente de él mismo.
Don Juan Carlos, que se le ve muy demacrado y muy mayor, ya ha purgado bastante. Y debe volver y morir, cuando le toque, en España. ¡Cómo de encoñado debía estar con Korinna al punto de ponerle a su nombre los 65 millones que le regaló un jeque árabe amigo. Korinna, en cuanto pudo, le dio la patada del adiós y se quedó con el dinero. El Rey le pidió que se los devolviera: se hizo la loca.
En fin, sus líos borbonescos de faldas y de lo otro. Pero debe volver. Él trajo la democracia a España. Asumió íntegro el poder totalitario de Franco y lo cedió de inmediato a la Democracia, tras un suplicio de 40 años de dictadura.
Núñez Feijóo lo ha pedido. Y desde Zarzuela le ponen como condición que fije en España su domicilio fiscal. Pues que lo haga.
Lo echó de España Sánchez por corrupto. Pasa aquí como con Ábalos, que fue el que defendió, tiene bemoles, la moción de censura que llevó a Sánchez a La Moncloa y quitó a Rajoy para, decía Abalos, combatir la corrupción, regenerar la política. ¡Tiene bemoles!
Por esta misma regla de tres, exponencialmente Sánchez debía de autoenviarse a un iglú del Polo Norte.
Este presidente está siendo muy dañino para España. Un presidente que nunca ganó las elecciones y que se aupó al poder precedido de todo tipo de juegos sucios (con el fraude de las primarias, lo del día de la cortinilla de Ferraz, sus viajes con dinero de la prostitución en el Peugeot más apestado de Europa) ahora se une al bando equivocado y deja a España, otra vez, a los pies de los caballos de Donald Trump y de los principales líderes europeos.
Mientras Alemania, Francia y el Rey Unido han puesto a disposición de Trump su ayuda militar en la guerra de Irán, Sánchez, a sabiendas de que ya no representa a España puesto que reconoce que si convocase elecciones las perdería, este señor, al que los demás líderes ni llaman para sus reuniones, denostado en Hispanoamérica y seguramente el presidente más odiado en España desde la democracia, ha negado a EE UU que utilice sus bases en España.
Trump se ha llevado de Rota a otra base ocho aviones cisterna para abastecer a los que ahora están en guerra en Irán.
Si EE UU desmantelara, por desconfianza con la España de Sánchez, las bases de Morón y Rota, sería una ruina económica para esas zonas. Marruecos, que de facto es ya el principal aliado de EE UU, las acogería con mucho agrado.
El puerto de Algeciras, uno de los gigantes del transporte marítimo europeo, ha vetado en alguna ocasión la entrada de buques estadounidense y ya están estos recibiendo órdenes de que eludan Algeciras y utilicen el puerto de Tanger para sus paradas. El campo de Gibraltar vive en parte de la actividad portuaria.
¿Qué poder real tiene Sánchez, que no puede ni aprobar una ley en el Parlamento, para guiarse de ideologías y del odio que le tiene a Trump, por cierto, recíproco, para tomar decisiones que afectan de lleno a los intereses de los españoles?
España tiene a sus pies un serio problema: Marrueco quiere a toda costa las ciudades de Ceuta y Melilla. En su día le funcionó la presión sobre el Sahara con la Marcha Verde, y hay nombres como colores para otras marchas en las que emerge un Marruecos al que EE UU está nutriendo de alta tecnología militar en detrimento de España.
Este es el gobernante que tiene España, el más dañino desde Fernando VII. Decide por los demás, ni siquiera puede preguntar en la calle, y no se va…