Los archivos desclasificados revelan cómo la Guardia Civil vio en la rebeldía de Tejero y en la dimisión de Adolfo Suárez el 29 de enero de 1981 los movimientos clave para idear el golpe de Estado de 1981, mostrando cómo la impunidad y la conspiración interna dentro de las Fuerzas Armadas pusieron en jaque a la democracia española.
Todo comenzó el 8 de octubre de 1977, cuando el Teniente Coronel Antonio Tejero, al frente de la Guardia Civil en Málaga, desobedeció al Gobernador Civil y ordenó impedir una manifestación juvenil que reclamaba el voto a los 18 años. Cerca de 2.000 jóvenes fueron rodeados por guardias armados con metralletas y subfusiles, en una situación que los testigos de la época recordaron como “una posible matanza”.
Aunque Tejero fue arrestado y destituido, pero nunca procesado por este hecho, la reacción interna del cuerpo militar fue reveladora: varias comandancias de toda España expresaron su “profundo malestar” por la sanción del Teniente Coronel. Días después, recibió aplausos y muestras de apoyo en su cuartel y la visita en su domicilio del delegado provincial de Fuerza Nueva, Agustín Utrera Martín, para expresarle “su total adhesión y apoyo”.
El episodio de Málaga fue solo el primer escalón. En noviembre de 1978, Tejero se reunió en la Cafetería Galaxia de Madrid con oficiales del Ejército, la Policía Armada y Estado Mayor del JEME -el Capitán Inestrillas, el Comandante Vidal Francés, el Capitán Alemán y el Comandante del Rodríguez Solano- para planear un golpe.
Días después, durante los interrogatorios en Toledo, Tejero negó conocer a los cinco oficiales con los que se reunió y que estuvieron implicados en la trama conspirativa, así como la planificación de un golpe de estado en Madrid.
El salto decisivo llegó en noviembre de 1980, con la redacción de un documento clandestino y sin firma que detallaba un plan completo para cambiar el gobierno:
El propio plan señalaba que la intervención militar solo sería viable si la situación política se deterioraba rápidamente y que «la dimisión de Suárez» sería «la clave».
Un plan similar a la ‘Operación Ariete‘ que diseñó el CESID durante la época de Carrero Blanco, que tenía como objetivo provocar disturbios callejeros y crear un vacío de poder que podrían haber causado más de un centenar de muertos.
De la insubordinación individual en Málaga (1977), pasando por la conspiración grupal (1978) y la planificación estructurada (1980), todo culminó con el asalto de Tejero al Congreso el 23-F de 1981, el ataque más grave contra la democracia española.