Llueve sin medida en toda España. Los pantanos de Franco a rebosar. Los campos buscan impermeables para las difíciles cosechas y tal indisciplina fluvial, dicen los que saben, es consecuencia del maltrato ecológico. Hoy, viendo el panorama climático y político, he preferido sentirme de izquierdas rabiosas y exijo para Maduro una cárcel digna donde no llueva: de universal tragedia podría calificarse si el exmandatario, supuestamente sin vacunar, sufriera neumonía.
Me uno sibilinamente a nuestra, injustamente denostada, Vicepresidenta del Gobierno reclamando la inmediata liberación de un dictador tan bueno, no incluido por eso en la Ley de Memoria Democrática, que ha conseguido para Venezuela un bienestar incalculable gracias al comprensivo sistema bolivariano. Su brillante ejercicio de libertades ha sabido definir la pobreza ajena como un capricho de las sociedades que no se avienen a abrazar el exitoso comunismo de Dom Pérignon.
¡Pobrecito mío, tan bueno como ha sido! Menos mal que los nuestros le defienden hasta que no se vean ellos concernidos, porque este Trump es capaz de cualquier cosa.
Pedro Villarejo