Un equipo del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid, perteneciente al CSIC, ha logrado un avance prometedor para la medicina. Han creado unos sensores electrónicos tan delgados y flexibles que funcionan como las calcomanías que todos conocemos; basta con colocarlas sobre la piel para que se adapten a ella y permitan monitorizar nuestra salud de manera constante, cómoda y sin cables.
Estos dispositivos actúan como «interfaces biológicas» que recogen información de nuestro cuerpo en tiempo real. Gracias a que pueden adaptarse a formas rugosas y curvas, sirven para detectar cambios importantes: pueden medir con precisión la temperatura corporal (termistores), captar variaciones de luz (fotodetectores) o incluso registrar señales eléctricas que el cuerpo emite. Esto es fundamental para vigilar, por ejemplo, el ritmo cardíaco, la actividad muscular o los niveles de estrés de una persona sin necesidad de aparatos aparatosos.
La gran ventaja es que estos sensores son tan finos que el paciente apenas nota que los lleva puestos, como si fuera un tatuaje temporal. Al ser un sistema de bajo coste y fácil de poner, el objetivo es que en el futuro puedan utilizarse en hospitales o en el propio domicilio para hacer un seguimiento médico a largo plazo, avisando automáticamente a los doctores si detectan cualquier valor fuera de lo normal.
Para fabricarlos, los científicos emplean una técnica propia que utiliza cilindros para conseguir láminas muy resistentes. A diferencia de otros métodos antiguos, que eran mucho más caros o difíciles de producir, esta nueva técnica es más limpia y eficiente. Al poder adherirse no solo a la piel, sino también a tejidos, telas o incluso elementos naturales, las posibilidades de uso son enormes, desde el control deportivo hasta el seguimiento de pacientes crónicos.
Con este trabajo, los científicos han demostrado que se puede combinar la alta tecnología con soluciones cotidianas y asequibles. Gracias a este sistema de «calcomanías inteligentes», en los próximos años será mucho más sencillo vigilar nuestra salud con dispositivos invisibles y precisos, cambiando la forma en que los médicos acceden a nuestros datos vitales sin interrumpir nuestra rutina diaria.