Del espejo a la complejidad: el aprendizaje en la posmodernidad

9 de septiembre de 2026
1 minuto de lectura

«Nuestras ideas no son meros reflejos de lo real, sino traducciones e interpretaciones de un mundo que construimos al conocerlo». Crisanto Gregorio León.

Siguiendo el pensamiento de autores como Miguel Martínez Miguélez, el aprendizaje en la modernidad se desarrolló bajo un paradigma epistémico que imperó desde el Renacimiento. Este enfoque privilegia la objetividad del conocimiento, el determinismo de los fenómenos, la experiencia sensible, la cuantificación y la verificación empírica a través de la lógica formal.

Una de sus orientaciones de mayor uso académico es el denominado «modelo especular» del conocimiento. Este asume que fuera de nosotros existe una realidad totalmente acabada, externa y objetiva, y que nuestro aparato cognoscitivo es básicamente pasivo. Funciona como un espejo que la refleja o como una cámara oscura que copia imágenes de esa realidad exterior para transmitirlas al cerebro. Sin embargo, este tipo de aprendizaje conlleva el riesgo de convertir a los estudiantes en autómatas que repiten ideas de memoria, aplicando métodos que pueden llegar a limitar el carácter simbólico del lenguaje científico.

Por el contrario, el aprendizaje en la posmodernidad se desarrolla sobre un paradigma distinto. Aquí, el conocimiento no se obtiene solo mediante observaciones sensoriales directas, sino que va más allá de las imágenes estáticas. En la posmodernidad, el aprendizaje no tiene barreras ni limitantes en su proceso de aprehensión. Se aleja de los parámetros del positivismo clásico para entender que el «espíritu humano» no refleja el mundo, sino que lo traduce.

Todo nuestro sistema neurocerebral capta estímulos que son transformados en mensajes y códigos a través de las redes nerviosas; es el sujeto quien percibe y concibe el mundo exterior. Como señala Edgar Morin, nuestras ideas no son reflejos de lo real, sino traducciones de lo real. En la captación del conocimiento, cualquier definición que intente representar la realidad de forma finita resulta limitante.

En este sentido, los formalismos matemáticos no deben verse como verdades fijas, sino como extensiones de nuestro lenguaje. La educación actual debe evitar convertirse en un proceso fragmentario que vaya en contra de la razón; por el contrario, debe formar discípulos que sean capaces de integrar lo iconográfico con lo lógico, lo sensible con lo racional, y lo intuitivo con lo procesal.

«La verdadera educación posmoderna no busca que el alumno repita la realidad, sino que aprenda a descifrar su complejidad». Crisanto Gregorio León.

Doctor Crisanto Gregorio León

Profesor Universitario

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