Cuando la universidad se promociona mediante eslóganes para atraer al público ávido de instituciones insertas en la calidad, promete un beneficio que el estudiante persigue con ilusión. Sin embargo, resulta desolador cuando, una vez dentro, ese participante se encuentra con docentes conductistas en lugar de constructivistas, o humanistas cuya conciencia ética se esfuma ante el personalismo egocéntrico del profesor o profesora.
La mayor publicidad negativa que gravita en torno a una universidad es aquella que nace de la complacencia de sus autoridades ante las actitudes de sus docentes. A veces, una cosa dicen y otra muy distinta hacen. Para nadie es un secreto que el «amiguismo» neutraliza la eficacia y la objetividad. Esas actitudes complacientes y «alcahuetas» empañan la imagen de la institución, pues al proteger a docentes por prácticas cuestionables, se desdice la esencia misma de su eslogan publicitario y del verdadero «esprit de corps».
El sentido de solidaridad o la moral de equipo debe estar puesto en el perfeccionamiento del ideal universitario, en la formación de hombres y mujeres con sentido social y, sobre todo, con sentido común. No se tiene sentido común cuando se ataca la razón de ser de la universidad: el estudiante. Amparar los desafueros de los docentes es traicionar la misión académica.
Debe haber un esfuerzo conjunto para no proteger barbaridades bajo el mal uso de la «autonomía de cátedra». El «esprit de corps» universitario se degrada a sectarismo cuando se festejan enfoques antieducativos. La sinergia universitaria debe apuntar a no lesionar al estudiante con trampas que apaguen su luz, sino a permitirle resplandecer cuando pone su empeño en ello.
Como bien decía Galileo Galilei: «Nunca he encontrado una persona tan ignorante que no pueda aprender algo de ella». La universidad debe revisar la vocación pedagógica de sus docentes; aspiración que debería ser propia de quien no ha perdido su norte en el aula.
«Quien usa su cargo para ocultar el error ajeno, termina siendo cómplice del fracaso propio». Crisanto Gregorio León.
Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario