La música sigue siendo un reflejo de la sociedad, y Sole Giménez lo tiene claro. Con el lanzamiento de su nuevo álbum Ser humana, la artista no solo presenta un proyecto cargado de sensibilidad, sino que también aprovecha para poner sobre la mesa una realidad que, según denuncia, sigue siendo evidente: la falta de mujeres en los espacios menos visibles de la industria musical.
Aunque reconoce que cada vez hay más presencia femenina en el escenario, en el “escaparate”, la situación cambia cuando se mira detrás. En la parte técnica, en los equipos de producción, sonido o instrumentación, la presencia de mujeres sigue siendo minoritaria. Es ahí donde, según la cantante, aún queda mucho por hacer para alcanzar un verdadero equilibrio.
Paradójicamente, España cuenta con referentes femeninos de enorme impacto. Artistas como Rosalía o Amaia han logrado posicionarse como figuras clave en la música actual. Sin embargo, ese éxito en primera línea no se traduce en una igualdad real en todos los niveles del sector. La propia Giménez insiste en que el talento femenino existe, pero no siempre encuentra las mismas oportunidades en todos los ámbitos.
Más allá de la reivindicación, la artista también celebra los avances. Considera que la visibilidad actual de muchas cantantes es un paso importante, pero advierte que no es suficiente. Para ella, el objetivo es lograr una industria donde la igualdad sea transversal y no solo visible en la superficie.
Ser humana no es solo un título, es una declaración de intenciones. El nuevo trabajo de Sole Giménez gira en torno a las emociones, con un enfoque especial en la empatía, un valor que la artista considera cada vez más necesario en la sociedad actual.
Las canciones del álbum nacen de una colaboración cercana y se construyen como una reflexión sobre el mundo en el que vivimos. Para la cantante, existe una preocupante falta de sensibilidad hacia los demás, algo que se manifiesta en distintos ámbitos de la vida cotidiana. Frente a ello, la música se convierte en una herramienta para conectar, para suavizar tensiones y para generar espacios de encuentro.
En un contexto marcado por la polarización, Giménez defiende el papel de los artistas como agentes de cambio. No desde la confrontación, sino desde la cercanía y la capacidad de emocionar. Su visión es clara: la música puede ser un puente que ayude a reducir la distancia entre las personas.
Además, su labor al frente de la Academia de la Música de España refuerza ese compromiso. Desde allí, busca impulsar una industria más inclusiva, diversa y representativa. Un espacio donde todos los profesionales, desde los más visibles hasta los que trabajan entre bambalinas, tengan su lugar.