Las personas mayores que cuidan de un familiar dependiente presentan más síntomas de depresión que quienes no asumen esa tarea. Así lo revela un estudio del Instituto de Salud Carlos III.
El trabajo lo firman investigadoras del Centro Nacional de Epidemiología: Alba Ayala, Carmen Rodríguez Blázquez y Maria João Forjaz. Participó también la doctora Inmaculada Boluda, del Hospital La Paz.
El equipo analizó datos de 3.482 personas de la cohorte española del estudio europeo SHARE. La información se recogió entre 2011 y 2022.
El trabajo, publicado en ‘International Psychogeriatrics’, concluye que cuidar de un familiar dependiente supone una carga emocional relevante para las personas mayores.
Los resultados muestran que los cuidadores parten ya con peor estado de salud que quienes no cuidan a nadie. También presentan, desde el principio, más síntomas depresivos. Dentro de ese grupo, las mujeres cuidadoras obtienen puntuaciones más altas que los hombres en la escala de depresión EURO-D.
La evolución de los síntomas también difiere según el sexo. En los hombres, la sintomatología aumenta al principio del seguimiento y después tiende a estabilizarse.
En las mujeres, en cambio, el incremento es constante y alcanza su punto máximo al final del periodo estudiado. Esto apunta a una acumulación sostenida de la carga del cuidado.
Las autoras atribuyen esta diferencia a un reparto desigual de las tareas de cuidado. Señalan que las mujeres suelen encargarse de labores más intensivas, prolongadas y con mayor desgaste emocional.
Las investigadoras enmarcan estos resultados en el envejecimiento de la población y en la tendencia a que los mayores permanezcan en casa el mayor tiempo posible.
Ese modelo beneficia a las personas dependientes, pero también aumenta la necesidad de cuidados informales. En España, esa responsabilidad sigue recayendo sobre todo en las familias, y dentro de ellas, en las mujeres.
Por eso, las autoras reclaman reforzar las políticas públicas que apoyan a quienes cuidan de manera informal a sus familiares.