Las puertas del campo son los abiertos horizontes; sin límites de anchura, el viento permite que los pájaros vuelen y los bosques siguen creciendo a pesar de las hachas. Las manos y las voluntades del ser humano se quedan sin fuerzas al encontrarse con la Verdad que representa Jesucristo. Roma acabó sin emperadores cuando quisieron exterminar a los cristianos. La Historia, desde entonces, es una constante humillación para los que pretenden destruir con herramientas lo que es espesura de cielo.
El Congreso de los Diputados tiene lámparas que se encienden para iluminar su fachada según acontecimientos. Si la efemérides en cuestión es aplaudida por la mayoría, los colores acuden a la furia contenida de los leones. Todo aquello en lo que no creen suficientemente los señores diputados, queda a oscuras, como la misma noche que abriga sus parcialidades.
Con la serenidad que dan los años y las convicciones, me acongojo por la bajeza de no prender la luz en el Congreso el día de los Cristianos Perseguidos… Es mucho más triste ser perseguidos por el dolor que deja la propia sombra.