Dolor abdominal, distensión, alteraciones en el tránsito intestinal o heces con sangre suelen atribuirse con frecuencia al síndrome de intestino irritable. Sin embargo, estos mismos signos pueden ser la primera alerta del cáncer colorrectal, una enfermedad que avanza en silencio y cuyo diagnóstico tardío complica seriamente el tratamiento.
Así lo advierte el cirujano colorrectal Guillermo Colín Rojas, quien asegura que uno de los errores más comunes es asumir que se trata de un trastorno digestivo leve y postergar los estudios necesarios, según una información de Brandon Gustavo Pacheco, publicada en Excelsior.
“La mayoría de los pacientes jóvenes diagnosticados con cáncer de colon pasaron antes por un tratamiento para colon irritable que no funcionó. Eso debe ser una señal para buscar otra causa”, señala el especialista.
El retraso en una colonoscopía puede marcar la diferencia entre una detección temprana o un diagnóstico en fases avanzadas, especialmente en menores de 45 años, donde el cáncer colorrectal ha ido en aumento.
La colonoscopía, un procedimiento ambulatorio, seguro y poco invasivo, permite detectar pólipos antes de que se vuelvan malignos. En países como Estados Unidos se recomienda a partir de los 45 años, incluso antes si hay antecedentes familiares.
“El problema en México es cultural: no hay conciencia preventiva. Hay que entender que si los síntomas no ceden, no hay que normalizarlos ni resignarse: hay que investigar”, remata el doctor Colín.
El llamado es claro: si el cuerpo da señales persistentes y el tratamiento habitual no da resultado, hay que buscar respuestas más allá de lo evidente. Porque detrás de un malestar común, puede esconderse algo más serio, y detectarlo a tiempo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.