Vestida de negro, como una luz apagada, se ha presentado en Córdoba, con los Reyes, la ministra que debiera estar elaborando los presupuestos del Estado, ya tan olvidados. Las buenas gentes de Adamuz, los sénecas instalados en el corazón de los cordobeses, no se dejarán engañar por quien se aprovecha de las tragedias para reclamar votos imposibles.
Fatalidad viene de fatum y el fatum es destino que puede preverse o aminorarse cuando cada cual está en su sitio cumpliendo responsabilidades y no en bailes que no son los suyos o en pasarelas propias de vedetes y no de gobernantes. Muchas tragedias que pasan debieran no haber pasado si al frente de los ministerios estuvieran personas capacitadas y no títeres que sólo saben tapar bocas y gastar dinero.
Hace ya un tiempo en que no se puede leer ni escribir en los trayectos de alta velocidad por las insólitas vibraciones que antes no se daban y ahora, después del accidente, tanto deben preocuparnos.
Rodeados de gestores ineptos y desaliñados, sin mérito alguno a la cabeza, España es hoy un tren que sufre la incertidumbre de su destino.