La presión migratoria en la frontera de Ceuta comienza a remitir después de que, en las últimas horas, al menos 69.500 migrantes hayan regresado a Marruecos, según el balance ofrecido por las autoridades. El retorno masivo se ha producido tras varios días marcados por una entrada sin precedentes de personas a la ciudad autónoma, una situación que obligó a desplegar un amplio dispositivo de seguridad y a reforzar la coordinación entre España y Marruecos.
Paralelamente, el Ministerio del Interior ha iniciado la instalación de barreras de contención en el espigón del Tarajal, uno de los principales puntos utilizados para acceder a Ceuta por vía marítima. El sistema incorpora una estructura flotante y una línea de boyas con el objetivo de dificultar nuevos cruces irregulares, aunque se mantendrá un paso habilitado para las embarcaciones de la Guardia Civil que patrullan la zona.
La normalidad ha regresado durante la última noche en el entorno fronterizo, aunque las autoridades mantienen un importante despliegue de vigilancia para evitar nuevos intentos de entrada. Mientras tanto, la crisis deja una fuerte huella humanitaria y política, ya que miles de personas emprendieron el regreso tras comprobar las dificultades para permanecer en Ceuta, donde la capacidad de acogida quedó rápidamente desbordada y los servicios básicos resultaron insuficientes para atender una llegada de tal magnitud.