La Organización Internacional para la Migración (OIM) estima que al menos 670 personas habrían muerto en la devastadora avalancha de tierra y rocas que ha sepultado decenas de viviendas en las tierras altas del norte de Papúa Nueva Guinea.
El jefe de la misión de la OIM en el país, Serhan Aktoprak, ha explicado a la cadena australiana ABC que más de 150 viviendas han quedado completamente enterradas bajo ocho metros de escombros de montaña tras un deslave que ha afectado a varias localidades, como Kaokalam y Yambali.
Según las autoridades locales, en las tierras altas de Papúa Nueva Guinea suelen vivir entre 10 y 15 personas por domicilio, por lo que las estimaciones de fallecidos podrían aumentar en las próximas horas. De momento, los efectivos de rescate en la zona solo han podido recuperar cinco cadáveres.
A medida que la situación continúa desarrollándose, la prioridad sigue siendo salvar vidas y brindar ayuda urgente a aquellos que más lo necesitan. Se espera que los esfuerzos de rescate y recuperación continúen en los próximos días, mientras el mundo observa con solidaridad y apoyo a Papúa Nueva Guinea en su momento de dolor y dificultad.
Las autoridades locales han instado a la población a permanecer alerta y seguir las indicaciones de seguridad, ya que las condiciones climáticas adversas pueden aumentar el riesgo de deslizamientos de tierra y otras emergencias en las áreas afectadas. Mientras tanto, el mundo se une en solidaridad con las comunidades golpeadas por esta tragedia, ofreciendo su apoyo y recursos para ayudar en la recuperación y reconstrucción a largo plazo.
La comunidad internacional ha respondido con rapidez ante la emergencia, brindando apoyo logístico, recursos humanos y financieros para ayudar a Papúa Nueva Guinea en este momento de crisis. Organizaciones humanitarias como la Cruz Roja y la Media Luna Roja, junto con agencias de la ONU y otros grupos de ayuda, están movilizando recursos y coordinando esfuerzos para proporcionar asistencia vital a las comunidades afectadas.