¿Cuanto vale la vida humana para un gobierno sin conciencia?

31 de octubre de 2026
3 minutos de lectura
Accidente ferroviario en Urda, Toledo. | EP

Hoy lloramos de nuevo por todas esas almas que se han ido sin tiempo para despedirse de los suyos…

Los muertos ya no sufren; ya descansan en paz y estarán gozando de ese prometido paraíso que toda la buena gente espera. «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Esa fue la recomendación de Jesús, siendo Dios mismo.

Todos los que fueron sometidos, por la negligencia de su Gobierno, a una muerte terrible en esos trenes de la muerte, se fueron por la inoperancia de unos impresentables seres que, sin conciencia, emplearon el dinero de la Unión Europea que fue entregado para mejorar las infraestructuras y actualizarlas.

Estos impresentables, manejando voluntades y pagando vicios con prebendas millonarias, disfrutaron de juergas infinitas durante ocho años, viajes y todo tipo de prebendas, con el fin de apoderarse de todas las instituciones mediante la compra de votos, etc.

Fueron tan mezquinos y faltos de dignidad que fueron capaces de repartir ese dinero que recibieron para poner al día las infraestructuras de nuestro país, que necesitaban ser actualizadas.

Y lo usaron en sus asquerosos vicios, donde practicaron el robo indecente para sus propias prácticas y fueron capaces de llevarlo a cabo con total libertad. Dejaron a un lado todo lo que se debía mejorar, a pesar de la auténtica necesidad y del deber de hacerlo.

Dedicados únicamente a enriquecerse, nos dejaron a todos los ciudadanos de España en una completa y total inseguridad: en las calles, en los servicios públicos y en nuestros domicilios. Esa idea era muy propia del iluminado.

No hicieron viviendas sociales y no pasó nada. Cambiaron las leyes, hicieron de «su capa un sayo» y crearon la figura del «ocupa», dejando que los españolitos de a pie se las arreglasen como pudieran. Y no hicimos nada.

Hoy España se muere: por los bosques, por las laderas de los ríos, por la falta de limpieza en el campo, por el temor en las calles y porque, entre todos los que manejan los hilos de nuestro país, aprovechándose de nuestra enorme indolencia, nosotros solos hemos conseguido vivir entre la intolerancia hacia el cumplidor y el beneficio al delincuente.

Llevan a sus espaldas los muertos de los nuestros por esas situaciones repetidas. Son más días de dolor, angustia y pena para todos los ciudadanos. Ahora, los golpes de pecho se multiplican.

No habrá paz para quienes, pudiendo haberlo hecho bien, han destrozado lo ya creado, con el lema de «porque yo lo valgo», sin haber construido nada digno de mención.

La sangre de los muertos nos hace responsables de preguntarnos por qué desaparecieron.

Que las oraciones y el amor de sus familias les acompañen para siempre. No los podemos olvidar jamás.

Existen verdugos agazapados que, si vosotros queréis, jamás tendrán opción de dirigir nada ni a nadie, y menos aún a un país que están dejando abandonado, invadido, ninguneado y roto de dolor.

Esas muertes que han ocurrido por su inoperancia hoy no serían números que sumar.

Que descansen en paz esos viajeros que no podían imaginar que el final de su viaje, para 68 personas, sería en la provincia de Toledo y no en el destino elegido, como les ocurrió a las 46 víctimas de Adamuz, el 18 de enero de 2026, en la provincia de Córdoba, con 46 víctimas mortales.

Mirad en vuestro interior y pensad un rato…

¿Se podían haber evitado?

Sin conciencia ni consecuencias, es imposible seguir hacia adelante. Sin dinero, no se pueden renovar las infraestructuras. Las carreteras de Marruecos están mejor que las nuestras.

Creo que los días de vino y rosas se les atragantarán a muchos.

¿Les mereció la pena?

Sus vidas ejemplares permanecerán en los libros como ejemplos de derroche y falta de empatía, con TikToks de muchos de ellos, impresentables.

Otra vez han denostado la bandera de España al haber destrozado la gran esperanza que supuso el tren de alta velocidad AVE.

Hoy lloramos de nuevo por todas esas almas que se han ido sin tiempo para despedirse de los suyos… No existe mayor dolor que ese silencio que queda después para todos los que lo están viviendo.

Que la paz os llegue pronto a todos y que podáis recordarlos con ese amor que se multiplica al no tenerlos…

La misericordia de Dios es infinita.

Son nuestros muertos, son nuestro dolor y son nuestro pesar más profundo por no haberlo evitado, dejando atrás a un Gobierno que, por su inacción, nos está matando.

Pusieron precio a nuestras vidas por su ambición.

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