Los ojos son como las manos, que no necesitan palabras para mantener por sí solos una larga conversación de intimidades no resueltas. Los ojos pueden matar con venenos azules o dulcificar con lagrimillas brotadas del sentimiento; desde un movimiento de párpados, se puede interpretar si el que nos mira, nos ama o nos desea, nos desprecia o nos miente. El lenguaje corporal es dueño de un infinito vocabulario que es imprescindible aprender en la universidad del silencio constante.
Con las manos, el lenguaje es más directo: se levantan cuando la convicción es vigorosa o se meten en los bolsillos simulando picores irredentos o buscando monedas para pagar el estacionamiento. Las manos se mueven como aspas de molino para moler el trigo de la conversación honesta o se vuelven hojas de palmera al ritmo de vientecillos concertados.
…Miles de ojos se sienten en España cautivados por un resplandor de fuegos artificiales, señuelos de votos que miran la aguja mientras te la clavan.
…Miles de manos, en España también. se llevan a los bolsillos hasta comprobar que rebosan con dineros ajenos.
Pedro Villarejo