El verdadero héroe de la «pretendida invasión de España» desde la ciudad española de Ceuta es un hombre de profunda catadura moral, firme en sus principios y comprometido con el deber hacia quienes lo eligieron en unas elecciones libres, sin componendas, pucherazos ni mentiras.
Él solo está dando la cara por sus ciudadanos y por España ante el temor que nos azota, pensando que esto es solo el principio, al no existir una oposición firme en defensa de nuestras fronteras en esa zona de España.
Todos deseamos que termine ese «cataclismo kafkiano» con el traslado de toda esa población llegada desde ese país, el suyo, y que, de una vez por todas, ese Gobierno se haga cargo de su propia gente y se deje de estadios faraónicos, mientras sus jóvenes viven sin lo más necesario para poder tener una vida propia.
Que no se queden repartidos ni hacinados, es imposible mezclarlos por el peligro que representa tanta gente sin identidad, sin conocer sus verdaderas intenciones, sin una educación mínima… ¿Eso es Marruecos y esa es su representación? Pues, para ese Gobierno, debería ser más que suficiente motivo para avergonzarse ante el resto de los países.
Esos invasores han ido creando sus propios asentamientos, quitando e invadiendo los espacios de los habitantes que viven totalmente desesperados ante semejante locura, en un país en el que se creían vivir en una declarada democracia…
Es toda una población invasora que, después de violentar una frontera, ha entrado como una estampida sin control en una población española por derecho, por nacionalidad y por convivencia pacífica.
Injustamente, se han visto desprotegidos y ninguneados por su propio Gobierno. Es verdaderamente una situación patética y demasiado dolorosa ante la pérdida total de sus libertades, de sus espacios y de esa limpieza en sus calles, por la cantidad de basura y detritus de toda esa población, casi igualada en número a la de sus legítimos habitantes.
Ese hombre bueno, noble, orgulloso de ser español y respetuoso con su bandera, se ha convertido en un héroe para España desde su invadida Ceuta.
Un presidente cumplidor de sus deberes que, sin proponérselo, es el artífice, junto a sus ciudadanos, de la unión de todos los españoles en torno a lo que representa la unidad de España, hoy tan necesaria, viendo el desapego que ejerce el propio Gobierno central hacia esos sufridos ciudadanos.
Ese presidente de Ceuta se ha convertido en su verdadero líder, para una España tan necesitada de hechos en pro de los ciudadanos de un país cuya credibilidad está hoy devaluada por la indefensión ante un Gobierno inactivo.
Sí, me refiero a ese hombre, solo ante el peligro, como el título de aquella antigua película del oeste.
Ese hombre no es otro que el presidente de Ceuta, don Juan Jesús Vivas, un hombre que, con su fortaleza de espíritu, se ha convertido en el salvador de la esperanza, no solo de sus ciudadanos, los ceutíes, sino de todos los ciudadanos de España.
Con su proceder se ha ganado la confianza, el respeto y la credibilidad, muy por encima de quien debía representar con honor la unidad y la defensa de España, pero que la ha perdido por una pleitesía increíble a quien nos metió el caballo de Troya con sus menores y sus muertos no recogidos…, mostrando la verdadera cara de alguien que no es de fiar.
Puso en peligro no solo a los españoles, sino a toda Europa, faltando al respeto de lo que significan las fronteras, en este caso, las de los ciudadanos españoles, al no defender con contundencia la invasión que está sufriendo España por Ceuta y Melilla, con puerta abierta a la península…
Es el vivo ejemplo de entereza, fuerza mental, amor a sus ciudadanos y un respeto, como español, por defender nuestra tierra. Eso le honra y lo convierte en invencible.
Con su moderación en el lenguaje, rozando la súplica, sin ser atendido por un Gobierno sin amor, sin respeto, infringiendo el deber de defender y hacer respetar la frontera con ese país tan afín a este Gobierno tan querido, tan agradecido y con tanto oscurantismo como es ese amor declarado a Marruecos.
Escondiendo sus secretos a costa del sufrimiento de sus gentes.
Los dos Gobiernos, en la misma línea, importándoles bien poco el sufrimiento y el dolor de la pérdida de la paz en esa bonita ciudad de Ceuta, por culpa de quien puso precio a su defensa, con la mentira.
Hoy esa intranquilidad llega hasta la península, al no sentirse protegida con una frontera fuertemente protegida ante los asaltos continuados de ese país «amigo».
¡¡Pues que nos libre Dios de los enemigos!!
Parece ser que antepuso la mentira con el «amado amigo» a la defensa de su propio país, España, y parece ser que vendió la libertad de las dos ciudades, Ceuta y Melilla, en un principio, por un convenio entre los dos gobernantes, pactado con nocturnidad, alevosía y premeditación, unas leyes de las que hoy surgen las verdades y no las leyendas…
Que salga a la luz todo lo que han ocultado y nos dejaremos de especulaciones, sabiendo, de una vez por todas, la verdad de un hecho que ha roto la credibilidad de todos los españoles en ese Gobierno central, por sus actos, por sus promesas y por sus múltiples mentiras.
Que no hagan falta nunca más héroes que se tengan que jugar su integridad por la defensa de sus ciudadanos y obtener de nuevo y con verdad.
Que esa libertad sea real y, para cumplirla, entregar ese poder a personas íntegras y que sean fieles a su juramento o promesa.
Cumplir y hacer cumplir todo lo expuesto en nuestra Carta Magna: esa es nuestra promesa de seguridad. Igualdad ante la ley y castigo a quien no cumpla lo exigido.
Costará, es claro y seguro, pero se podrán borrar algunos casos de esas aberrantes leyes, que solo han servido para coartar la libertad de las familias españolas, en algunos casos muy dolorosas y sin respuesta.
Como si no fuese con ellas, por estar acompañadas del silencio administrativo, que, ante una situación caótica, provoca acciones familiares sin marcha atrás.
Que se terminen de una vez por todas los interminables días, semanas, meses y años de zozobra, miedo y expropiación de nuestros derechos, ganados por nuestra condición de ser españoles de nacimiento, sentimiento y orgullo.
Nuestro estandarte es la bandera de España, que es la que nos une, acompañada de las banderas de todas nuestras comunidades.
Nuestros hogares, que fueron conseguidos con nuestro trabajo y sacrificio, sin trampas ni subterfugios, y hoy son de nuestra propiedad.
Nos estamos jugando el futuro de nuestros niños, que hoy son niños y que luego serán hombres y mujeres que nos representarán con el recuerdo de su pasado, mostrando esa unidad española que heredaron y mostrándola con orgullo en su presente.