El patético Johnny Bravo de la Casa Blanca, el «rodrigato» y el ultraje a una nación vulnerable

3 de octubre de 2026
5 minutos de lectura
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, observa durante una intervención del presidente Donald Trump. | EP

Venezuela lanza un S.O.S.: «¡Ayúdame, Donald Trump!»

Donald Trump responde: «Allá voy… para violarte y quitarte tus riquezas»

«Artículo 138. Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos». — Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

En la doctrina del Derecho Internacional moderno y en las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas existe una categoría jurídica insoslayable: la protección reforzada a las naciones y grupos especialmente vulnerables, aquellas entidades que por el secuestro total de sus instituciones, el aislamiento y la asfixia interna quedan en un estado de indefensión absoluta ante la comunidad global.

Hoy, Venezuela padece esta trágica condición como persona jurídica de derecho internacional especialmente vulnerable, una realidad de la que el tándem criminal de Donald Trump y Marco Rubio se aprovecha de manera descarada para saquear el país. Lejos de cumplir con el mandato protector que el ordenamiento internacional exige ante naciones en asfixia institucional, estos operadores políticos instrumentalizan el desamparo de la república para abalanzarse sobre el petróleo, el oro, el coltán y toda la inmensa riqueza mineral del subsuelo venezolano.

En una acción de total bajeza, se alían con los narcotraficantes, terroristas y dictadores que controlan los negocios locales, demostrando que sus discursos de liberación mutan en una ambición mercantilista para apoderarse de los recursos de una nación agonizante.

La historia del país registra así una nueva e indeseable página de traición perpetrada por quienes, envueltos en una retórica de redención, terminaron transigiendo con las corporaciones del crimen organizado. La máscara de libertador se le cae de golpe a este remedo de Superman, revelando al farsante cuyo único propósito real es saquear de manera sistemática las riquezas de un pueblo prisionero.

Este vergonzoso contubernio expone la ambición desmedida de unos personajes que utilizan su tribuna y su influencia internacional como una máscara perversa para legitimar al régimen y asegurar una jugosa tajada del patrimonio nacional. La fachada de la dignidad civil cae estrepitosamente, revelando la farsa de unos operadores políticos guiados exclusivamente por la codicia material y el pragmatismo amoral.

¡Un ladrón de cabello rubio!

«Lo que ocurre con este tándem criminal es exactamente igual a la tragedia de una mujer maltratada que, desesperada por los golpes de su marido, pide auxilio al vecino más fuerte de la cuadra; el vecino acude, saca a la fuerza al agresor, pero acto seguido viola a la mujer, la mancilla y le roba todos los bienes y riquezas que posee en su hogar. Así actúan ellos: se aprovechan de una Venezuela golpeada, presa de sus verdugos, para ultrajarla, desvalijarla y pisotearla sin el menor rastro de piedad».

Resulta patético y profundamente decepcionante constatar la bajeza moral de un hombre octogenario que, encontrándose en el epílogo natural de su vida, prefiere la deshonra de la riqueza mal habida por encima de la trascendencia histórica. Incapaz de ofrecer una muestra de civilidad, honra y un legado digno antes de morir, este Superman patético se descubre como un vil socio de dictadores, rindiendo honores a la tiranía y validando un sistema que perpetúa la opresión.

En este tándem criminal han preferido ser malvados a lo inglés que gallardos a lo español. Conviene hacer esa precisión quirúrgica aquí: mientras en la lengua española el adjetivo bizarro denota precisamente eso, gallardía, valor y nobleza, en el idioma anglosajón significa exactamente lo opuesto: lo extraño, lo grotesco, lo deforme y lo retorcido. Es bajo esta última acepción inglesa, la de la monstruosidad y la aberración moral, que catalogamos a estos sujetos como seres criminales.

A una edad donde los líderes de verdad consolidan su compromiso ético, estos antihéroes optan por convertirse en cómplices de los opresores, mostrando que su supuesta lucha jamás es más que una estrategia de posicionamiento financiero para usufructuar el dolor de millones de ciudadanos desterrados.

El mayor agravio radica en la absoluta hipocresía de la Casa Blanca. Mientras este tándem persigue con ferocidad y sanciona a los países islámicos bajo la excusa moralista de cómo tratan a sus mujeres, exhibe una doble moral asquerosa al legitimar a la dictadura de Delcy Rodríguez en Venezuela.

Es una verdadera lástima, pena y vergüenza que Marco Rubio, siendo de origen cubano y sabiendo perfectamente cómo se sufre en dictadura por la historia de su propia familia, actúe hoy como un cómplice hipócrita, ruin y cara de cemento, traicionando los mismos principios que dice defender. Que alguien que conoce de primera mano el dolor del exilio use la bandera de la democracia para meter las manos en el robo al país, negociando con la cúpula usurpadora bajo el pretexto de una supuesta transición, es un acto de cinismo sin precedentes que los califica como una auténtica mierda e hijos de puta ante la historia.

La ilusión de un cambio político real se desvanece al comprobarse que el aparato represivo y corrupto permanece intacto en sus estructuras fundamentales. El engaño colectivo funciona de forma perversa: es como extirpar un tumor cancerígeno aparente, sacando a Maduro como cabeza visible, pero dejando vivas todas las raíces de las mafias que hoy proliferan, permitiendo que los hilos del oro, el coltán y el petróleo se reacomoden para garantizar la continuidad del chavismo en el poder.

La salida de figuras superficiales no significa una transición a la democracia, sino una reestructuración interna diseñada y avalada por actores locales e internacionales que solo buscan asegurar el control extractivista del país, manteniendo a los mismos operadores de siempre en los ministerios, los tribunales y los organismos represivos.

Mientras los jerarcas de la tiranía y sus falsos aliados externos se reparten el botín, la realidad extramuros empeora y se vuelve insoportable para las familias venezolanas. El pueblo continúa sufriendo el flagelo del hambre en una economía absurdamente dolarizada en la práctica, donde el «rodrigato» ha logrado el hito macabro de devaluar el propio dólar mientras las mayorías subsisten en la miseria absoluta.

Verbigracia, el sistema condena a los maestros públicos a percibir un salario de hambre de 500 bolívares quincenales, una cifra humillante que, al cambio oficial del Banco Central de Venezuela, equivale a la infame miseria de 0,59 dólares por quincena —apenas un poco más de un dólar al mes—, empujando al entorno familiar al colapso absoluto.

Esta asfixia económica se traduce directamente en las calles, donde los niños y las niñas desnutridos sufren en carne propia las secuelas del abandono estructural, la delincuencia galopante y la extromisión de funcionarios anticívicos. Los policías, los guardias nacionales, la PNB, el CICPC y los propios jueces anticívicos crean un escenario aberrante donde continúan con el despojo sistemático, aprovechándose de la ciudadanía desprotegida para extorsionar, quitar dinero y arrebatar propiedades.

Los poderes públicos siguen secuestrados y arrodillados ante los intereses de los hermanos Rodríguez, confirmando que la supuesta normalización es una farsa sangrienta sostenida sobre la miseria y la degradación generalizada de la población, bendecida por los mercaderes de la política.

«Artículo 25. Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo, y los funcionarios públicos y funcionarias públicas que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa, según los casos, sin que les sirvan de excusa órdenes superiores». — Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Responder

Your email address will not be published.

No olvides...

Togas bajo sospecha: cuando el delincuente se sienta en el estrado

«Si la justicia no funciona, no hay democracia ni Estado de derecho».— Pere Bonnín, Los pobres jueces de la democracia (1985) Resumen Ejecutivo…

«¡Más allá del ghosting!»

«La máscara del cortesano rara vez se cae por voluntad propia; suele romperse en piezas el día en que descubre…

¿Cómo pretendes ser titular si como juez provisorio no diste la talla?

¿Te has preguntado la verdadera razón por la que quieres permanecer en la judicatura?…

Doctrina Barral: por qué el Tribunal Constitucional ya prohibió el blindaje arbitrario de los políticos

El búnker del suplicatorio: el precedente histórico que prohíbe usar el Parlamento como escudo de impunidad En la doctrina jurídica…