Los cimientos morales de la organización: una visión integral

14 de septiembre de 2026
2 minutos de lectura

«La integridad de una corporación no es la suma de sus reglamentos, sino el reflejo vivo de la rectitud de quienes la integran». Crisanto Gregorio León

Una manzana podrida pone en peligro el contenido de toda la cesta. Cuando en un ente o institución, o en cualquier asociación lícita —ya sea una empresa, industria o consorcio—, el comportamiento de uno o varios de sus miembros desentona respecto de la filosofía que inspira el deber ser en el desempeño corporativo, el concepto de honor se ve seriamente comprometido. En ese instante, se presenta una fractura en la esencia de los cimientos que le inspiran cohesión y respeto ante la opinión pública. La estructura se tambalea, pues sus bases fundamentales han sido corroídas por una contradicción intolerable.

Las virtudes éticas de las personas que integran una corporación, sea de naturaleza pública o privada, y su filosofía de desempeño, constituyen la imagen y el rostro de dicha organización. Ello es comprobable cuando la solvencia moral o el proceder íntegro de cualquier institución ganan y cobran prestigio por la conducta de una sola persona a la que han seleccionado como su rostro visible, en virtud de su buen nombre y su reputación intachable.

No obstante, una empresa muestra la fragilidad de su compromiso ético ante el divorcio entre el discurso y la acción. Cuando se consienten o se encubren los desafueros de apenas uno de sus integrantes, la conducta de ese solo individuo compromete la imagen ética de toda la corporación. Es entonces cuando surgen las excusas recurrentes: se argumenta que un solo hombre o una sola mujer no representan a la totalidad de la institución. Si bien tal razonamiento podría invitar a la reflexión, cabe preguntarse: ¿si la ética de una corporación se eleva y dignifica por el prestigio de uno de sus miembros, por qué no habría de funcionar en sentido inverso?

¿Qué impulsa a la corporación a omitir la corrección de comportamientos antiéticos, o incluso ilegales, que deslucen al resto de sus miembros? Cuando los hilos conductores del comportamiento ético corporativo se entrelazan para justificar lo injustificable, se ha perdido la esencia y se ha abandonado la ética. El estado de descomposición puede llegar a ser tal que el grado de complacencia y corrupción resulte insalvable. En estos escenarios, se hace indispensable repensar, replantear y redimensionar la razón de ser y de existir de dicha organización.

Hacer caso omiso del comportamiento falto de ética de un solo miembro es convertirse en cómplice del desprestigio institucional. Se corre el riesgo de que, ante tan soberana negación de sus principios, la organización pierda su rumbo original, caiga en una decadencia sistémica o, en el peor de los casos, desaparezca. No se puede vulnerar la ética bajo el pretexto de actuar con neutralidad; quien observa impasible cómo se pisotea la integridad de un organismo por la actuación temeraria e irrespetuosa de su rostro visible, está enarbolando, de facto, la bandera del deshonor.

Cuando los componentes de una corporación consienten, de manera activa o pasiva, los despropósitos de sus miembros, están implosionando la propia estructura. En el momento del colapso, no podrán argumentar que la destrucción vino del exterior, cuando en realidad todos conjuraron el aniquilamiento desde adentro.

«La omisión ante la falta de ética es el primer paso hacia la demolición de la confianza institucional». Crisanto Gregorio León.

Doctor Crisanto Gregorio León

Profesor Universitario

Responder

Your email address will not be published.

No olvides...

El imperativo moral en la enseñanza: hacia una ética docente

"La majestad del magisterio no reside en el título que se ostenta, sino en la impecable rectitud de la conducta…

El delito de ultraje a funcionario público en Venezuela se contrae a vías de hecho dirigidas al funcionario presente

"El Derecho Penal no puede ser un escudo para la intolerancia burocrática ni un mecanismo para blindar al funcionario del…

La tapa del frasco en la jurisdicción de violencia de género en el país imaginario de Torenza: ¿Cuándo le llegarán sus «tres Doritos después»?

La Juez Ranavalona/ La Doctora Fraude…

El docente como puente: mediación y obstáculos en la enseñanza

«El verdadero maestro no es el que exhibe su autoridad como un muro, sino el que la transforma en un…