Los documentos desclasificados sobre Ceuta contradicen dos de las tesis que mantiene Sánchez

10 de septiembre de 2026
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados. | EP

Los papeles muestran avisos previos del CNI y recogen una actitud «negligente y pasiva» de Marruecos durante la crisis migratoria de julio

El Gobierno desclasificó esta semana varios documentos sobre la crisis migratoria que vivió Ceuta a finales de julio. Los papeles debilitan dos ideas que Pedro Sánchez sigue defendiendo: que lo ocurrido no pudo anticiparse y que no hay elementos suficientes para señalar a Marruecos.

Sánchez sostiene que la avalancha migratoria de finales de julio era imprevisible. También defiende que no existen pruebas suficientes para responsabilizar a Marruecos de lo ocurrido.

Los papeles desclasificados, sin embargo, confirman que hubo avisos previos. Esa información refuerza la posición que la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha mantenido desde el estallido de la crisis.

Fuentes de su departamento se reafirman ahora en que existían alertas anteriores a la avalancha. Lo resumen de forma tajante: «Ahí está todo», sentencian.

La cadena de avisos previos del CNI

Las alertas de los distintos cuerpos de seguridad se sucedieron desde el 8 de julio. Ese día, el Tribunal Supremo dictó una sentencia que, según advirtieron Policía, Guardia Civil y CNI, podía animar a más personas a intentar cruzar la frontera a nado.

El 27 de julio, el CNI alertó del posible «impacto» de esa sentencia, especialmente en Ceuta. Confiaba, eso sí, en que el control de las autoridades marroquíes pudiera contener las entradas a la ciudad.

Dos días después, el 29 de julio, esa advertencia se convirtió en una alerta más concreta. El CNI la dirigió tanto a la inteligencia marroquí como a la Delegación del Gobierno en Ceuta y a la Guardia Civil, avisando de convocatorias multitudinarias para entrar «por valla y mar» aprovechando la Fiesta del Trono.

Por qué esos avisos incomodan al relato del Gobierno

La inteligencia española había localizado un grupo de WhatsApp llamado «Asalto a la valla de Ceuta». También detectó dos grupos de Facebook, con cerca de 180.000 usuarios en total, que llamaban a intentar la entrada por la valla o por mar.

Ninguna de esas comunicaciones anticipó que acabarían cruzando más de 70.000 personas. Sánchez se apoya en ese dato para defender que la magnitud de la crisis no podía preverse.

Aun así, los avisos debilitan la idea de que el Ejecutivo carecía de información para advertir del riesgo de una entrada masiva. Resulta significativo que fue el propio CNI quien trasladó esas señales con antelación, y que horas antes de conocerse los documentos, el propio Sánchez había señalado a los servicios de inteligencia como un ámbito que debe mejorar su capacidad de anticipación.

El argumento con el que se defiende Moncloa

Sánchez y su entono niegan que estas revelaciones jueguen en su contra. Considera que esas comunicaciones no pueden entenderse como una alerta que permitiera prever la escala real de lo ocurrido.

Fuentes gubernamentales sostienen que la referencia al alcance de la convocatoria no era un «indicador de escala o probabilidad prospectiva». Subrayan además que el CNI nunca emitió una «alerta formal», sino que trasladó la información mediante mensajes y una breve llamada.

El Ejecutivo también carga contra los propios servicios de inteligencia. Fuentes gubernamentales lo expresan así: «Un organismo que cree que al día siguiente va a producirse una entrada masiva no se limita a mandar un WhatsApp ambiguo a un cargo menor: lo eleva. Esa es su responsabilidad y su competencia».

Las versiones cruzadas de Robles y Marlaska

El 25 de agosto, Robles aseguró que los servicios de inteligencia «realizaron la labor exigible» y «compartieron la información» con los cuerpos de seguridad y con la Delegación del Gobierno. Añadió que esas comunicaciones «no siempre son por escrito».

Fuentes de Defensa confirman ahora que la ministra se refería precisamente a los contactos entre el CNI y la Delegación del Gobierno que los documentos han sacado a la luz. Esa versión chocaba entonces con la del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que negó que existiera «ningún informe que atisbara que el 30 de julio iba a suceder lo que finalmente aconteció».

Los documentos permiten ahora matizar esa disputa entre ministerios. No hubo un informe formal que anticipara una entrada de más de 70.000 personas, pero sí comunicaciones previas del CNI sobre una convocatoria concreta para cruzar la frontera al día siguiente.

Lo que los papeles dicen sobre el papel de Marruecos

Los documentos también complican la cautela que Moncloa ha mantenido hasta ahora respecto a Marruecos. El mismo 30 de julio, a las 13:00 horas, la inteligencia militar española advertía de que era «muy probable» que las autoridades marroquíes no estuvieran favoreciendo activamente la oleada migratoria.

Esa misma inteligencia sí señaló, en cambio, una actitud «negligente y pasiva» por parte marroquí. Los informes no acreditan una operación organizada desde Rabat, pero sí constatan una falta de colaboración marroquí desde las primeras horas de la crisis, pese a que España había avisado previamente a esas autoridades del riesgo de una entrada masiva.

La desclasificación no demuestra que el Gobierno conociera de antemano la dimensión que alcanzaría la crisis. Sí debilita, en cambio, dos ideas: que el Ejecutivo no recibió ningún aviso previo y que existía plena colaboración por parte de Marruecos.

Los servicios de inteligencia detectaron las convocatorias, las comunicaron antes de que comenzaran los cruces, y después documentaron la falta de colaboración marroquí.

El desconcierto que ha generado en el PSOE

La publicación de los documentos ha causado revuelo entre las filas socialistas. No todos interpretan igual la contradicción entre los avisos previos y el relato que mantiene Moncloa.

Algunos diputados siguen respaldando la tesis de Sánchez: hubo comunicaciones, mantienen, pero no fueron formales ni permitían prever una entrada de esa magnitud. Otras voces socialistas, sin embargo, admiten que los papeles complican todavía más una crisis ya difícil de gestionar. Una fuente del partido lo resume así: «Es un elemento que complica aún más la gestión de esta crisis», y añade que hay dirigentes que «prefieren callar» cuando «no concuerdan las cosas».

Otra voz socialista, esta con escaño en el Congreso, se muestra más crítica. Cuestiona que Moncloa insista en presentar la falta de anticipación como el principal fallo: «se ha decidido que la versión es esa y todo el mundo a decir que nadie avisó», sostiene, para evitar que se instale la idea de que el Gobierno conocía el riesgo y no respondió a tiempo. Y concluye: «Claro que no dice justo los números del informe, pero se avisó de una entrada masiva y de los grupos».

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