El Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), dependiente de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras de la Policía Nacional, ha elaborado un informe de 61 páginas —solicitado por el Tribunal Central de Instancia (Plaza n.º 3) de la Audiencia Nacional— que analiza la entrada masiva e irregular de inmigrantes en Ceuta los días 30 y 31 de julio.
El documento concluye que el suceso no puede explicarse como un fenómeno migratorio aislado, sino como «un proceso o un procedimiento con distintas fases materiales de ejecución», con un antes, un durante y un después perfectamente diferenciados.
El informe constata la imposibilidad de cuantificar con exactitud lo ocurrido: las estimaciones de entradas oscilan entre las 49.200 de la Guardia Civil y las 85.000 que maneja el propio CENIF, mientras que los fallecidos recuperados en aguas españolas ascienden oficialmente a 82, a los que se suman 14 reconocidos por Marruecos. Entre 5.000 y 10.000 inmigrantes permanecerían aún en la ciudad autónoma sin haber sido identificados ni retornados.
El documento reconstruye minuciosamente la vía de entrada —a nado o bordeando el espigón de El Tarajal desde la playa de Castillejos— y distingue tres oleadas de perfiles según la franja horaria: primero varones jóvenes marroquíes con equipamiento de neopreno, después familias con menores, y de nuevo jóvenes al cierre de la jornada. Según el CENIF, esta secuencia responde a una lógica táctica: la primera oleada busca saturar y forzar la apertura de accesos; la segunda, con presencia de mujeres y niños, pretende neutralizar cualquier respuesta policial contundente.
El informe detalla además la evolución de los mensajes en redes sociales —de las llamadas abiertas en Facebook o TikTok a la coordinación operativa en grupos cerrados de WhatsApp— y sostiene que su patrón de difusión resulta compatible con el modelo «SPREAD» de viralización de contenidos, lo que a su juicio descarta el surgimiento espontáneo de la convocatoria.
Uno de los puntos más señalados del informe es la actuación de las fuerzas de seguridad marroquíes, calificada de «permisividad» durante los días 30 y 31 de julio: según los testimonios recogidos, agentes uniformados guiaron a los inmigrantes hacia el espigón. El CENIF identifica también a un grupo de «individuos no uniformados» —varones de entre 30 y 50 años, vestidos de forma diferenciada y con un comportamiento de control sobre la masa— a los que atribuye funciones de organización sobre el terreno, y de los que aporta fichas fotográficas.
El informe dedica un capítulo específico a analizar, bajo los criterios Europol/SOCTA de delincuencia organizada, a las mafias de narcotráfico y de tráfico de personas asentadas en Ceuta y su entorno. Su conclusión es tajante: ninguna de estas estructuras —con capacidad estimada de mover entre 3 y 5 inmigrantes diarios en el caso de la organización que opera en la zona— dispone de la capacidad logística, financiera ni de movilización necesaria para articular una entrada de 75.000 a 85.000 personas. El documento señala que su única reacción constatada fue «oportunista»: el traslado posterior de unos 150 inmigrantes a la Península a cambio de pago.
El CENIF propone un esquema de responsabilidades en cinco niveles: los inmigrantes que cruzan la frontera; los «dinamizadores» del mensaje en redes; los organizadores del flujo sobre el terreno; una fase de planificación previa comparable a las crisis de 2021 y 2024, pero «más elaborada y eficiente»; y un quinto nivel de «dirección estratégica» cuya autoría material no ha sido posible individualizar, aunque el informe apunta a una «alta capacidad de influencia» sobre redes sociales y sobre las fuerzas de seguridad marroquíes.
El documento sostiene que el objetivo migratorio operó solo como «cobertura formal», dado que en torno al 90% de quienes entraron regresó voluntariamente a Marruecos en cuestión de horas. Como refuerzo de esta tesis, el informe cita la convocatoria posterior del 15 de agosto —de perfil mayoritariamente subsahariano y neutralizada por un dispositivo marroquí «de control absoluto»— y la difusión posterior de narrativas oficiales marroquíes que, según el CENIF, cuestionan la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.