El regreso a la actividad laboral tras el descanso estival expone a muchas personas a un cambio de ritmo demasiado brusco que favorece la aparición de estrés. Según advierte el cardiólogo José Ramón Rumoroso, pasar repentinamente de la tranquilidad de las vacaciones a las exigencias diarias genera una sobrecarga que, si se prolonga en el tiempo, puede terminar afectando de forma negativa a la salud cardiovascular.
Los especialistas señalan que el estrés continuado se asocia con un mayor riesgo de sufrir hipertensión y problemas del corazón. Aunque la relación entre el malestar psicológico y las dolencias cardiacas es compleja e individual, los expertos recuerdan que el organismo experimenta un desgaste evidente cuando se somete a tensiones elevadas de manera constante.
Para detectar a tiempo que la situación nos está superando, es fundamental prestar atención a señales de alerta como el insomnio persistente, la irritabilidad o el cansancio mental extremo. Sin embargo, el cardiólogo subraya que existen síntomas físicos más graves que nunca deben justificarse simplemente como «cosas del estrés» o fatiga pasajera.
Entre las señales de alarma que exigen una visita inmediata al médico destacan las palpitaciones frecuentes, la opresión o el dolor en el pecho, la falta de aire, los mareos y las cifras de presión arterial muy elevadas. Los especialistas insisten en que ante este tipo de avisos corporales no hay que esperar a que pase septiembre ni demorar la consulta médica.
Para proteger la salud del corazón durante la vuelta a la normalidad, los expertos aconsejan recuperar los horarios de sueño estables, evitar el sedentarismo prolongado en la oficina y mantener una actividad física adaptada. Además, recuerdan que la clave para evitar sobresaltos es tomarse el regreso con calma, introduciendo los cambios en la rutina de forma gradual y sin prisas.