A sus sesenta y nueve años, Margarita Robles ha liderado en la crisis de Ceuta a su propio partido, es decir, a Margarita Robles. Restó importancia a si el servicio de inteligencia avisó sobre la avalancha de inmigrantes del pasado 30 de junio.
«Si hay informes, si no hay informes. Los servicios de inteligencia operan de muchas maneras. No hace falta muchas veces ir a informes manuscritos. Es sabido, era público y notorio, que en Ceuta se estaba entrando a nado», explicó. Y aseguró que el 29 de junio se avisó a las Fuerzas de Seguridad, al presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, y al delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez.
Tanto el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, como los otros dos presuntos destinatarios de esos informes han declarado no haber recibido tales documentos. Otros ministros, como Ángel Víctor Torres, jefe del mando único para Ceuta, y el de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, también negaron la existencia de informes sobre la posibilidad de una avalancha de inmigrantes como la que se produjo los días 30 y 31 de julio.
¿Y Pedro Sánchez? Se supone que este tipo de informes tienen como destinatario al presidente del Gobierno.
«Margarita Robles busca su cese. No quiere aguantar en el gobierno hasta el final. Ya tuvo problemas con Felipe González quien seguramente entiende a Pedro Sánchez en este tema», señala una fuente que conoce su trayectoria.
La relación con Pedro Sánchez no puede compararse con la presencia de Robles en el Gobierno de Felipe González, cuando estuvo al frente conjuntamente de la Secretaría de Estado de Interior y de la Dirección de la Seguridad del Estado, nombrada por el ministro de Interior y Justicia, Juan Alberto Belloch, en mayo de 1994.
Fue ella quien siguió a Sánchez en el «no es no» a Rajoy después de que aquel perdiera la Secretaría General del PSOE en 2016. Y fue a través de ella, como portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, como Sánchez, sin escaño, ejerció el liderazgo de la oposición durante 2017 y 2018, para después de la moción de censura nombrarla ministra de Defensa.
Entonces, ¿qué le está pasando?
El próximo 10 de noviembre, Margarita Robles cumplirá 70 años. Como jueza está en excedencia. Si quisiera volver a la judicatura, tendría que pedir el reingreso en el servicio activo y, a continuación, solicitar la prórroga hasta los 72 años (los jueces se jubilan a los 70 años). Ello debe hacerse dos meses antes de cumplir la edad de jubilación. Es decir, tocaría hacerlo el 10 de septiembre.
Pero, por estar en el Gobierno, una vuelta de Margarita Robles a la judicatura, suponiendo un cese imaginario en los próximos días, pasaría por dos años de «funciones no jurisdiccionales» (artículo 358.3 de la Ley Orgánica del Poder Judicial). Es decir, quedaría adscrita a la Presidencia del Tribunal Supremo y recuperaría, lógicamente, su remuneración. Y allí se quedaría durante lo que le restara de mandato, hasta los 72 años.
Lenguas, sin duda viperinas, sugieren que la relación entre Margarita Robles y la presidenta del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) es muy estrecha. Y tanto que fue El Periódico el que dio en exclusiva la noticia, la misma tarde del 3 de septiembre de 2024, de que el sector conservador había doblegado al progresista e impuesto a Isabel Perelló en la Presidencia del CGPJ, en una operación en la que participó Margarita Robles.
Pero esta breva no caerá. Sánchez no cesará a Robles. Ni Robles dará el portazo.