El regreso millonario a Reino Unido de Harry y Meghan

30 de agosto de 2026
5 minutos de lectura
Meghan y Harry, los Duques de Sussex. | Fuente: Europa Press

Los duques de Sussex estudian instalarse en los exclusivos Cotswolds mientras mantienen sus casas de California y Portugal

El regreso de Harry y Meghan a Reino Unido no será precisamente una vuelta sencilla al hogar. Los duques de Sussex han decidido recuperar parte de su vida británica después de años instalados al otro lado del Atlántico, pero lo harán manteniendo intacto su particular imperio inmobiliario y empresarial. Montecito seguirá siendo su refugio estadounidense, Portugal continuará formando parte de su mapa familiar y Reino Unido se prepara para convertirse en su nuevo centro de operaciones para los Sussex.

La gran incógnita es dónde vivirán cuando permanezcan en el país británico. Todo apunta a que los Cotswolds figuran entre sus principales opciones. La zona ya conquistó a Harry y Meghan durante los años anteriores a su salida de la familia real y reúne varios de los ingredientes que buscan: discreción, grandes propiedades, colegios privados, vida social selecta y a una distancia suficiente de Londres para preservar cierta intimidad.

Pero esa tranquilidad tiene un precio. Una casa de seis o siete dormitorios, con dependencias para el servicio y varias hectáreas de terreno en el norte de los Cotswolds, podría rondar los 12 millones de euros. Si optaran por alquilar en lugar de comprar, el desembolso tampoco sería menor: una propiedad de estas características podría alcanzar entre 23.000 y 46.000 euros mensuales, dependiendo de su ubicación y prestaciones.

La buena noticia para los Sussex es que no tendrían que empezar de cero. Meghan mantiene una estrecha amistad con Markus Anderson, uno de los ejecutivos vinculados a Soho House, cuyo exclusivo Soho Farmhouse se encuentra precisamente en los Cotswolds. Harry, además, tendría a su alcance una de sus grandes aficiones: el polo. Y no demasiado lejos, en Northamptonshire, se encuentra Althorp, la histórica residencia de los Spencer.

La educación de sus hijos será otro de los grandes asuntos que deberán resolver. Harry y Meghan han dejado claro en distintas ocasiones que quieren que Archie y Lilibet tengan una conexión más estrecha con el Reino Unido, y los colegios privados de los Cotswolds encajan con el estilo de vida que han elegido.

Las tarifas pueden superar los 30.000 euros anuales por alumno en algunos centros escolares, mientras que en los colegios más exclusivos de la zona el coste de escolarizar a los dos hijos de los duques podría situarse por encima de los 58.000 euros al año.

La cifra, aunque elevada, no sería desconocida para Harry. El príncipe estudió en Wetherby School, en Londres, uno de los centros privados tradicionalmente asociados a las familias acomodadas de la capital británica. La educación de dos alumnos allí puede superar incluso los 80.000 euros anuales.

El traslado británico tampoco significa que los Sussex vayan a dar carpetazo a su vida estadounidense. Su espectacular mansión de Montecito, en California, seguirá siendo una de las principales propiedades de la familia.

La vivienda, adquirida por la pareja en 2020, se convirtió en el símbolo de su nueva vida lejos de la Corona. Allí han construido su hogar, han criado a sus hijos y han desarrollado buena parte de sus proyectos empresariales y audiovisuales. Mantener una propiedad de estas dimensiones supone, sin embargo, un gasto considerable que puede alcanzar cientos de miles de euros al año.

A ella se suma la vivienda que poseen en Portugal, adquirida en 2023 en el exclusivo complejo Costa Terra, al sur de Lisboa. La propiedad, valorada entonces en alrededor de 7,3 millones de euros, permite a la familia mantener una puerta abierta en Europa y disfrutar de otro refugio alejado de la presión mediática.

El gran problema: la seguridad

No obstante, el capítulo que puede disparar todavía más la factura es el de la seguridad.

Desde que abandonaron sus funciones como miembros activos de la familia real en 2020, Harry y Meghan dejaron de contar automáticamente con la protección policial que tenían cuando formaban parte de la institución. El duque de Sussex ha llevado este asunto hasta los tribunales en su intento por recuperar una protección similar a la que tenía anteriormente.

Su regreso a Reino Unido vuelve a poner el problema sobre la mesa. Una vida entre Londres, los Cotswolds y sus desplazamientos internacionales exige un dispositivo de seguridad considerable, especialmente teniendo en cuenta la exposición pública de la pareja.

Expertos en seguridad han calculado que una protección permanente para los Sussex podría alcanzar varios millones de euros al año. Aunque todavía no está claro qué nivel de protección tendrán ni quién asumirá finalmente el precio.

El problema es especialmente delicado porque Harry y Meghan ya no son miembros de la familia real, por lo que su retorno no implica la recuperación de las obligaciones ni de los privilegios vinculados a quienes representan oficialmente a la Corona.

La pareja, de hecho, no tiene previsto retomar una agenda oficial, aunque su presencia más prolongada en Reino Unido puede aumentar inevitablemente su exposición pública.

Y ahí aparece uno de los grandes fantasmas de Meghan. La presión de los medios británicos y la persecución de los paparazzi fueron algunos de los elementos que marcaron su ruptura con los Windsor y supuso su posterior traslado a Estados Unidos. Ahora, años después, la duquesa vuelve a situarse en el mismo escenario del que quiso escapar.

La diferencia es que esta vez la pareja llega con sus propias reglas, sus negocios y una fortuna construida lejos de Buckingham.

Un jet para cruzar el Atlántico

La distancia entre sus distintas residencias también tendrá un precio. Los Sussex ya han recurrido a vuelos privados para desplazarse entre California y Reino Unido. En su reciente viaje, la pareja habría utilizado un Bombardier Global Express, un avión privado cuyo alquiler habría supuesto un desembolso superior a los 120.000 dólares, según estimaciones difundidas por medios estadounidenses.

Si la familia mantiene una agenda dividida entre América y Europa, los desplazamientos transatlánticos pueden convertirse en otra de las partidas más abultadas de su presupuesto. mantener una intensa actividad aérea.

Para Meghan, además, Estados Unidos seguirá siendo fundamental. Allí están buena parte de sus contactos profesionales, sus negocios y el entorno familiar de su madre, Doria Ragland. Harry, por su parte, mantiene sus compromisos internacionales y sus proyectos vinculados a organizaciones benéficas.

La familia, por tanto, no plantea un traslado convencional. Su modelo será más parecido al de una residencia principal en Reino Unido combinada con estancias periódicas en Estados Unidos y Portugal.

Una factura judicial que también pesa

A todos estos gastos se suma una factura que no tiene nada que ver con casas ni aviones: los tribunales.

El príncipe Harry y otros seis demandantes se enfrentan a una elevada factura judicial después de perder una parte sustancial de su batalla contra Associated Newspapers, editora del Daily Mail, en un caso relacionado con supuestas prácticas ilegales para obtener información privada.

Los demandantes fueron condenados inicialmente a asumir alrededor de 9,5 millones de libras en costes, mientras que la factura total del proceso podría terminar siendo mucho mayor. La cantidad que finalmente deberá pagar Harry todavía está pendiente de determinar.

Así, el regreso de los Sussex al Reino Unido se presenta como una combinación de nostalgia, lujo y cuentas millonarias. Una mansión en los Cotswolds, tres países en el mapa familiar, vuelos privados y un dispositivo de seguridad forman parte del escenario.

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