Numerosas personas descartan donar sangre por creencias que no se ajustan a la realidad. Así lo explica Beatriz Arenaz, jefa del Servicio de Laboratorio del Hospital Blua Sanitas Valdebebas. La experta desmiente dos ideas muy extendidas: que hay que acudir en ayunas y que la donación debilita las defensas.
Según Arenaz, el miedo a marearse y la creencia de que hay que ir en ayunas siguen alejando a potenciales donantes. Muchas de esas personas ni siquiera llegan a preguntar si cumplen los requisitos necesarios. La especialista recuerda que el proceso arranca antes de la extracción, con un cuestionario y una breve entrevista sanitaria. Ese primer filtro sirve para comprobar si la persona está en condiciones de donar ese mismo día, y protege tanto al donante como a quien recibirá la sangre después.
Esa valoración previa tiene en cuenta varios factores a la vez, no cada uno por separado. El estado general de salud, el descanso, la hidratación, algún síntoma reciente, ciertos tratamientos o viajes recientes pueden influir en la decisión final. Por eso, ante cualquier duda, lo más recomendable es preguntar directamente en el propio punto de donación. Una creencia extendida sobre algún impedimento, aclara la experta, no siempre implica una exclusión real.
El componente emocional pesa tanto como los requisitos médicos a la hora de donar. En algunas personas, la simple anticipación del pinchazo genera más tensión que el propio procedimiento, y eso las lleva a desistir aunque cumplan todas las condiciones. El psicólogo de Blua de Sanitas Jorge Buenavida explica que ese miedo desencadena una respuesta física inmediata: la tensión sube, la respiración se altera y la persona empieza a vigilar cada sensación de su cuerpo, lo que agrava la impresión de mareo.
Para evitarlo, Buenavida recomienda avisar al personal antes de empezar y practicar ejercicios de respiración o de relajación muscular. También aconseja evitar mirar la aguja, tumbarse si ya ha habido alguna reacción previa y centrar la atención en algo distinto al brazo. Estas pautas, señala, ayudan a pasar el trance con más tranquilidad.
Otro mito habitual sostiene que, tras donar, el cuerpo queda débil durante varios días. Los especialistas explican que, en personas sanas, la recuperación suele ser progresiva y las molestias, cuando aparecen, resultan leves y pasajeras. Guardar reposo unos minutos, tomar el refrigerio ofrecido y evitar esfuerzos intensos en las horas siguientes reduce el riesgo de sentirse mal.
La edad tampoco constituye por sí sola un motivo automático de exclusión para donar sangre, según los expertos. La posibilidad de donar depende de la normativa vigente, del estado de salud y de los antecedentes médicos de cada persona, valorados siempre por el equipo sanitario. Tampoco todos los tratamientos farmacológicos impiden donar: algunos obligan a posponer la donación, pero otros no suponen ningún problema. Por eso insisten en informar siempre al personal sanitario sobre la medicación que se toma, desde cuándo y por qué motivo.
Arenaz resume que detrás de cada donación existen dos responsabilidades simultáneas: cuidar a quien dona y garantizar la seguridad de quien recibe la sangre. Por eso defiende acudir con información clara, responder con sinceridad al cuestionario previo y avisar de inmediato ante cualquier malestar durante el proceso.