Los humanos estamos condenados a entendernos. De lo contrario aparecen las guerras que sufrieron los siglos y que permanecen entre personas, culturas y países sin la menor consideración y con la más alejada de las esperanzas.
Las diferentes ideas, ideologías o religiones que convergen en la radio universal han de ser respetadas escrupulosamente evitando que puedan darse colisiones entre sujetos insociables. El problema entre los pueblos y las culturas surge cuando se fanatizan las convicciones y el otro no tiene cabida en la más elemental consideración. Además, para la convivencia deben existir mínimas reglas que equilibren la extrañeza de unos para con otros.
Por ejemplo, en un mundo de compromisos comunes y mejorías compartidas es imposible sostener que en Irán multen con cinco años de cárcel a una cantante por actuar en concierto donde la mayoría eran hombres. No puede aceptarse que a los homosexuales se les cuelgue en plazas públicas por contravenir un fundamentalismo cuyas leyes son más importantes que las personas. Los ayatolás son una atrocidad en el mundo que debe respetar al diferente y dan la impresión de estar ganándole la guerra a los EEUU.
Pedro Villarejo