Ningún país del mundo tiene hoy suficientes médicos, enfermeras o farmacéuticos para atender a su población. Así lo revela un nuevo estudio del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME), que cifra en 34,4 millones el número de sanitarios que faltan a escala global. La investigación, publicada en ‘The Lancet Public Health’, añade un dato clave: casi 7 de cada 10 personas que sostienen hoy la sanidad mundial son mujeres.
El déficit no se reparte por igual entre especialidades. La enfermería y la matronería concentran la mayor parte del agujero, con 23,9 millones de profesionales que faltan. Le siguen la medicina, con 7,1 millones de vacantes, y la odontología y la farmacia, con 1,8 y 1,6 millones respectivamente. Para cubrir esas carencias, los autores calculan que cada país necesitaría al menos 23,8 médicos, 64,5 enfermeras y matronas, 5,2 dentistas y 5,6 farmacéuticos por cada 10.000 habitantes.
El equipo del IHME ha rastreado 20 categorías de profesionales sanitarios en 204 países, desde 1990 hasta 2023. En ese tiempo, la plantilla sanitaria mundial casi se triplicó: pasó de 40,9 a 122,1 millones de personas. Aun así, el crecimiento no ha sido suficiente para cerrar la brecha entre lo que hay y lo que se necesita.
De esos 122,1 millones de trabajadores contabilizados en 2023, 33,2 millones eran enfermeros y 15,1 millones, médicos. Otros 7,6 millones desempeñaban labores comunitarias, 6,8 millones trabajaban en farmacia y 6,1 millones se dedicaban a la odontología.
El estudio deja claro que la escasez no golpea a todos los países por igual. El sur de Asia y el África subsahariana concentran las densidades de personal sanitario más bajas del planeta, muy por debajo de los umbrales mínimos recomendados. Para la autora principal del trabajo, Annie Haakenstad, profesora adjunta de Ciencias de Métricas de Salud en el IHME, estos datos deberían servir a los gobiernos para planificar con más precisión sus plantillas sanitarias y avanzar hacia una cobertura de salud verdaderamente universal.
El avance de las últimas décadas tiene nombre de mujer, según el propio estudio. Ellas han impulsado buena parte del crecimiento de la sanidad mundial desde 1990. Sin embargo, la investigadora del IHME Megan Knight, coautora del trabajo, advierte de que siguen concentradas en las profesiones peor pagadas y con menos opciones de ascender a puestos de liderazgo. En sus palabras: «Para construir sistemas de salud más sólidos, no solo será necesario ampliar la fuerza laboral, sino también crear oportunidades equitativas para el desarrollo profesional, el liderazgo y entornos laborales seguros y de apoyo».