Ucrania desplegó en las últimas horas una de las mayores oleadas de ataques aéreos contra territorio ruso desde que estalló el conflicto. El operativo combinó casi 1.500 drones con nueve misiles de crucero, todos ellos disparados en apenas un día. La magnitud del ataque obligó a Rusia a activar sus sistemas de defensa antiaérea en distintos puntos del país. Varias regiones sufrieron daños importantes, incluida el área que rodea la capital rusa. La ofensiva se produce tras una serie de ataques rusos con misiles balísticos contra suelo ucraniano. Kiev lleva meses ampliando el alcance de sus operaciones, alejándolas cada vez más de la línea del frente.
Los intercambios de ataques entre ambos países se han intensificado notablemente en los últimos días. Rusia ha recurrido con frecuencia a misiles de largo alcance para golpear distintos puntos del territorio ucraniano. Kiev, por su parte, intenta responder atacando objetivos situados dentro de las propias fronteras rusas. El uso masivo de drones permite a Ucrania ejecutar estas operaciones sin arriesgar a su flota de aviones de combate. Se trata de aparatos económicos y difíciles de localizar cuando vuelan a poca altura. Esa combinación los ha convertido en una pieza central de la estrategia ucraniana durante toda la guerra.
El tamaño de este ataque llama la atención incluso en una guerra donde los drones ya forman parte del día a día. El Ministerio de Defensa ruso afirma haber localizado y derribado los aparatos en distintas oleadas sucesivas. Más allá de la cifra exacta de aparatos, la operación demuestra la capacidad de Kiev para coordinar ataques a gran escala. También revela su habilidad para mantener presionadas las defensas rusas durante horas seguidas.
El ataque ucraniano también dejó víctimas mortales del lado ruso. Las autoridades de Moscú informaron de seis personas fallecidas a causa de misiles lanzados desde Ucrania. El Gobierno ruso responsabiliza directamente a Kiev y denuncia que los ataques alcanzaron zonas habitadas por civiles. Ucrania, en cambio, sostiene habitualmente que sus operaciones apuntan a instalaciones vinculadas con la capacidad militar rusa.
Este episodio confirma hasta qué punto ha cambiado el conflicto desde sus primeros meses. Los combates ya no se limitan a la línea de contacto entre ambos ejércitos. Rusia y Ucrania han desarrollado, cada una por su lado, una capacidad creciente para golpear a cientos de kilómetros de distancia. Rusia sigue atacando infraestructuras y ciudades ucranianas de forma regular. Kiev, mientras tanto, intenta replicar esa presión contra instalaciones estratégicas dentro del territorio ruso. En este pulso prolongado, los drones se han consolidado como una de las armas protagonistas del conflicto. Su uso constante está redefiniendo la manera en que ambos bandos combaten.