No es solo el calor: los médicos alertan del aumento de cistitis en verano

15 de agosto de 2026
3 minutos de lectura
Cistitis en mujeres en verano | EP

Los especialistas de Sanitas alertan de que la humedad, la ropa ajustada y el estrés disparan el riesgo de infección urinaria en los meses de calor

El urólogo Pietro Moscatiello, del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela, recomienda cambiarse de ropa después de bañarse para prevenir la cistitis en verano. Según explica, mantener la humedad y llevar ropa ajustada favorecen la irritación de la zona genital. El especialista insiste además en detectar los síntomas a tiempo y evitar la automedicación.

Cuándo sospechar que no es solo el calor

Moscatiello advierte de que muchos pacientes tardan en consultar porque atribuyen el escozor al calor, al cloro de la piscina o a un día de playa. «En vacaciones hay pacientes que esperan demasiado porque piensan que el escozor es debido al calor, al cloro o a haber estado en la playa. Sin embargo, cuando aparece dolor al orinar o necesidad constante de ir al baño, el cuerpo está dando una señal clara», señala.

La cistitis es una inflamación de la vejiga, causada con frecuencia por una infección urinaria. El especialista explica que hábitos propios del verano, como sudar más, beber menos agua, hacer viajes largos o permanecer horas con el bañador húmedo, facilitan su aparición.

Los síntomas que no hay que normalizar

Aunque suele tratarse de un problema leve, Moscatiello advierte de que no conviene restarle importancia cuando los síntomas son intensos o se repiten. El escozor al orinar, la urgencia, el aumento de visitas al baño, el dolor bajo abdominal o la orina turbia son señales de alerta. Si además aparecen fiebre, dolor lumbar, sangre en la orina o malestar general, recomienda acudir a un especialista, de forma presencial o por videoconsulta, para descartar un problema mayor.

El peso emocional

Sanitas subraya que la cistitis también tiene un componente emocional, ya que afecta a una zona íntima y genera vergüenza en muchos pacientes. Ese pudor, señalan, puede retrasar el diagnóstico y hacer que el problema se viva en silencio, aunque condicione los viajes, el descanso o la vida social.

La psicóloga de Blua de Sanitas, Virginia del Palacio, explica que ese silencio tiene consecuencias: «Hay síntomas que no se verbalizan porque parecen demasiado íntimos, y ese silencio pesa más de lo que parece. En este punto, la persona empieza a decir que no a planes, a buscar baños en cuanto llega a un sitio o a sentirse incómoda al explicar lo que le pasa. Por eso ser capaces de nombrar el problema sin vergüenza es parte del cuidado, porque se deja de vivir una infección frecuente como si fuera un fallo personal». Cuando las infecciones se repiten, añade, es habitual sentir frustración o pérdida de control, por lo que recomienda combinar el seguimiento médico con apoyo psicológico si hace falta.

Cuatro consejos para reducir el riesgo

Los especialistas de Sanitas proponen varias medidas para el verano. La primera es planificar los trayectos largos, previendo paradas para no pasar muchas horas sin orinar en viajes por carretera, excursiones o días de playa. La segunda es cuidar los productos de higiene íntima: geles, desodorantes, toallitas o baños de espuma perfumados pueden irritar la zona, por lo que recomiendan una higiene diaria suave y sin excesos. La tercera es orinar después de las relaciones sexuales, ya que ayuda a eliminar bacterias que puedan haberse acercado a la uretra. La cuarta es gestionar el estrés, que puede debilitar las defensas naturales y alterar la microbiota, favoreciendo las infecciones.

Moscatiello matiza que una infección puntual puede ser normal, pero que las infecciones repetidas deben hacer sospechar de otras causas. «Hay que tener en cuenta que, aunque una infección ocasional puede ser normal, presentar infecciones repetidas tiene que despertar una alarma sobre otras condiciones favorecedoras de las infecciones. El síndrome de vejiga hiperactiva es un síndrome caracterizado por la urgencia urinaria que puede esconder enfermedades más graves como el cáncer vesical, la litiasis urinaria o el prolapso pélvico», añade.

La menopausia, una etapa de mayor riesgo

El urólogo dedica una mención aparte a la menopausia: «En esta etapa prevenir no significa resignarse a que las molestias urinarias vuelvan cada verano. Los cambios hormonales hacen que la mucosa urogenital esté más seca, más frágil y menos protegida frente a irritaciones o infecciones. En este punto, si una mujer ya ha tenido episodios de cistitis, es primordial anticiparse para detectar factores que acrecientan el riesgo y pautar medidas preventivas adaptadas a su caso», concluye.

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