El crédito de la España de Pedro Sánchez está por los suelos. Salvo los gazatíes y los terroristas de Hamás, nadie se fía de este impresentable presidente.
Ni siquiera lo quiere la inmensa mayoría de los españoles. Una cuestión, ¿Qué hace este tipo en el palacio de La Mareta si el Parlamento que lo puso de presidente en una moción de censura no solo no aprueba sus leyes, sino que, además, recientemente le pidió la dimisión? Por mayoría absoluta.
Ningún presidente de un país civilizado habría seguido en el cargo ni un minuto con una milésima de corrupción como la que corroen a su propia familia y parte de su Gobierno y de su partido.
Con toda seguridad él mismo habría desfilado ya ante los tribunales de no ser porque se ha atrincherado en el cargo. Y no se va. España es su juguete.
¿Pero cómo ha podido llegar a presidente alguien tan irresponsable, indecente y falto de escrúpulos?
Tras su visita a Ceuta (con escoltas y seguridad por doquier para alejarlo, sin éxito, de los abucheos que recibe allí donde va, muchísima gente ya le detesta), se ha subido al helicóptero y vuelta al pantalón corto veraniego y al lujazo del palacio de La Mareta.
En el corazón de Doñana, exclusivo para presidentes del Gobierno. Quiere disfrutarlo el año que viene también, aunque no tenga ni presupuestos ni capacidad para aprobar leyes. ¡Pero que más le da a él eso…!
Nunca ha ganado unas elecciones. Compró los votos, porque los compró, de secesionistas y bilduetarras para llegar a La Moncloa.
Y cuando llegó extendió cheques laborales para un nutrido grupo de periodistas que a estas alturas han perdido todo su crédito defendiendo lo indefendible. Salvando la cara a un tipo que no puede salir a la calle porque le dicen de todo menos bonico. A mucha gente ya le da asco.
Su maquiavelismo llegó al extremo, por ejemplo, de extraer más de 2.300 millones de las arcas públicas, por ser él quien es, no para el bien de la sociedad, sino para hacerse con el control del grupo Prisa. Sin contar TVE, RNE y una retahíla de medios digitales que dependen de sus subvenciones para sobrevivir. No tiene escrúpulos.
Llegó a la presidencia ante la incredulidad de sus colegas jóvenes del partido (Antonio Hernando, Óscar Puente…). Lo tenían como el tontín del grupo y no daban crédito como pudo conseguirlo un tipo de personalidad psicópata (lo dice Tomás Gómez, entonces líder de ese grupo, y psicólogos que han analizado sus intervenciones).
Se le cruzaron los astros y de la mano de Ábalos, Cerdán y Koldo, tómese nota de los nombres, todos en la cárcel por corruptos, alcanzó el poder, mediante una moción de censura. Nunca ganó unas elecciones.
Ofreció TODO, es decir TODO, a cambio de sus votos, a los secesionistas y a los filoetarras.
Ahora, todo el mundo, Trump, Meloni y los demás líderes del globo, ha visto estos días en televisión y en las redes sociales cómo decenas de miles de marroquíes entraban sin obstáculo alguno a Ceuta, a España, ante los brazos cruzados de las fuerzas de seguridad y del propio Ejército. Una señal de debilidad descomunal para Marruecos.
Es una constatación de que Ceuta, y lo mismo puede ocurrir con Melilla, e incluso Canarias, son sumamente vulnerables en manos de Sánchez. Marruecos dice que son suyas.
El mundo no sabía nada de Ceuta y Melilla y de esa reivindicación de soberanía, basada en la nada, pues ambas plazas son españolas desde antes de que existiera Marruecos.
Todo el mundo ha visto la vulnerabilidad de España gracias a un presidente que no tiene ningún crédito y que, por una cuestión ideológica de extrema izquierda, ha dejado a España a los pies de los caballos en todos sus frentes.
Marruecos nunca antes se atrevió en serio con España. Ahora lo ha hecho y de forma televisada a nivel planetario con Ceuta. Y ha confirmado lo que ya intuía, que Europa, lejos de apoyar a Sánchez, ha puesto barreras fronterizas con España, incluso poniendo en entredicho el espacio Schengen.
Y que Donald Trump apoya a Marruecos en su lucha por Ceuta, Melilla y Las Canarias.
Sánchez ha hecho ostensibles esfuerzos para que Trump lo odie. Porque lo odia, lo que nunca había ocurrido con ningún gobernante español. EE UU no quiere saber nada del tipejo que Gobierna España. Su aliado es Marruecos y allí quiere llevarse las bases de Rota y Morón.
Y no digamos ya Israel, creadora del sistema Pegasus que se apropió de los mensajes de Sánchez y seguramente también de los de su amada Begoña. Y que el rey de Marruecos tiene en su poder. Desde que Sánchez lo sabe, no le pía a Mohamed VI. Y le da lo que sea con tal de que no los revele. Igual que hace con los secesionistas para que le mantengan en el poder.
Ayer decía que la culpa de la invasión de Ceuta era por una sentencia del Tribunal Supremo y por las mafias. Ni mencionó a Marruecos.
Sánchez ha convertido a España en rehén de Marruecos porque teme que le saquen las mierdas que ocultaba este dañino y filocorrupto presidente.
Es el presidente que dijo que llegaba para acabar con la corrupción y saldrá del poder como el más bañado en corrupción de la historia reciente de España.
¿Que le pregunten a su mujer, a su hermano, a sus lugartenientes en el PSOE y en el Gobierno, el más corrupto de la historia democrática de España? Y a Zapatero. Y a él mismo.
A él le da igual España. Solo le interesa seguir como sea en La Moncloa y que nadie lo saque de La Mareta.
Es triste que un palacio como ese, propiedad del Estado, lo esté disfrutando un tipo tan inmoral como Sánchez.
Hoy estará en pantalón corto de verano junto a la doblemente imputada Bego, por corrupción. En la Mareta. Suele llevarse allí a toda la familia. Paga el Estado gratis total.
Cuando se vayan habrá que blanquear el olor a corrupción no depurada que deja en sus paredes. Es un sinvergüenza sin valores.