Creo que los fracasos provienen generalmente de circunstancias ajenas a las propias decisiones o son fruto de deméritos, trampas o inutilidades. Tanto a unos como a otros las respuestas de los fracasados van a ser anuncio o denuncia de su categoría humana.
El último fracaso que han sufrido los argentinos perdiendo el mundial de fútbol ha mancillado el cariño indeleble que muchos tenemos a un pueblo hermano y entrañable. Buena parte de los futbolistas no han sabido reconocer su propia impotencia al no superar el buen juego de los españoles. La respuesta debió ser el reconocimiento a lo objetivamente valioso y no la violencia en puntapiés y otras vejaciones semejantes del que no sabe perder.
Cuando las evidencias son múltiples y sumarias contra hechos punibles, no puede salir el Gobierno huracanado contra jueces honestos y cumplidores. El problema está en la realidad dolosa del hecho, no en la apreciación responsable de quienes a todos deben defendernos de la extendida delincuencia.
Quien fracasa verdaderamente es el que pretende delinquir y ser impune.
Pedro Villarejo