A la señora vicepresidenta del Gobierno, de dorada cabellera y escasos reconocimientos, se le acaba el trabajo muelle del que ha disfrutado en esta legislatura aportando al Gobierno, desde sus siglas políticas, sendos ministros de méritos y capacidad incalculables.
Cuando se entra en las ruedas de la bicoca ya no se sale fácilmente, por eso están buscándole, en agradecimiento a sus enredos y docilidad, un trabajo nuevo donde pueda seguir luciendo sus atavíos de modelo maltrecha. Dicen que estaría bien en la OIT, Organización internacional de Trabajo, de la que es doctora y en donde seguro se la están rifando, como a Ferrán Torres después de si gol impresionante.
La señora vicepresidenta ha sentado jurisprudencia sembrando imprudencias en su ministerio, entre los autónomos, fijos, discontinuos, interinos y demás nomenclaturas , que siguen siendo hilos sueltos de la desdicha laboral. Pero está muy preparada para dejarnos en mal lugar, si otro enchufe mayor no lo remedia.
Es cierto aquello de: los que no sirven para nada pueden intervenir en cualquier cosa.
Pedro Villarejo