España atraviesa una de las crisis forestales más devastadoras de los últimos años. Con más de 108.000 hectáreas quemadas según los balances oficiales del Gobierno —cifra que los sistemas europeos de satélite como Copernicus elevan por encima de las 124.000 hectáreas—, el país se encuentra bajo el asedio de una veintena de grandes incendios forestales.
La combinación de temperaturas extremas que rozan los 44ºC, la sequía acumulada y la virulencia de los vientos está poniendo al límite a los servicios de extinción en una campaña que duplica con creces la destructividad de ejercicios anteriores.
El foco que acapara todas las alarmas y el dolor del territorio nacional se localiza en Guadalajara. El incendio forestal declarado en La Mierla se ha convertido en el mayor desastre medioambiental del año en España y en uno de los más graves de la historia reciente, arrasando ya cerca de 32.000 hectáreas. Las llamas han devorado gran parte de su valioso patrimonio natural en un espacio protegido de valor incalculable, obligando a desplegar un dispositivo colosal.
Aunque en las últimas horas los trabajos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y los medios aéreos han conseguido que tanto La Mierla como el cercano foco de Selas evolucionen favorablemente, la situación sigue siendo de máxima alerta debido al riesgo constante de reactivaciones por el calor.
Uno de los frentes más críticos y con mayor impacto directo sobre la población se ha abierto entre las provincias de Toledo y Madrid. El incendio originado en Almorox (Toledo) cruzó las líneas autonómicas extendiéndose hacia la Comunidad de Madrid, afectando de lleno a municipios como Villa del Prado.
La violencia del avance del fuego ha provocado momentos de extrema tensión: el delegado del Gobierno en Madrid confirmó que una treintena de viviendas se han visto sobrepasadas por las llamas, con varias de ellas destruidas de forma total o parcial. La rápida intervención de los cuerpos de seguridad permitió evacuar urbanizaciones enteras y confinar localidades vecinas a tiempo, evitando daños personales. Las llamas han calcinado ya unas 2.600 hectáreas en esta zona compartida.
El mapa peninsular del fuego mantiene frentes abiertos de gran preocupación en varios puntos cardinales:
Con cerca de 1.900 incendios contabilizados en lo que va de año, las autoridades gubernamentales y los servicios de emergencia coinciden en señalar que España afronta una de las crisis climáticas y de extinción más duras de la última década.
La evolución de las próximas horas dependerá críticamente de que amainen las rachas de viento y de que los efectivos sobre el terreno logren consolidar los perímetros antes de que las altas temperaturas diurnas vuelvan a avivar los rescoldos.
Mientras tanto, el país permanece con el alma encogida ante un verano que está dibujando un mapa desolador de ceniza y monte arrasado.