Un amplio estudio internacional ha confirmado que algunos pacientes con trasplante de hígado pueden dejar de tomar la medicación inmunosupresora sin poner en riesgo el órgano trasplantado, siempre que el proceso se realice bajo un estricto control médico y tras una cuidadosa selección de los candidatos. La investigación, con un seguimiento superior a diez años, representa el análisis más extenso realizado hasta la fecha sobre esta estrategia.
Los expertos recuerdan que estos fármacos son esenciales para evitar el rechazo del hígado, pero su uso continuado también puede provocar efectos secundarios importantes, como hipertensión, diabetes, problemas renales o un mayor riesgo de infecciones y enfermedades cardiovasculares. Por ello, encontrar pacientes capaces de prescindir de ellos supondría un importante avance.
El trabajo analizó la evolución de 287 personas de 14 países y comprobó que ninguno de los participantes perdió el injerto por rechazo tras abandonar el tratamiento. Además, muchos de los adultos experimentaron mejoras significativas en su estado de salud, con una notable reducción de enfermedades metabólicas relacionadas con la inmunosupresión, especialmente la hipertensión y la diabetes.
Los investigadores insisten en que esta opción no es válida para todos los trasplantados, pero consideran que los resultados refuerzan la posibilidad de personalizar los tratamientos y mejorar la calidad de vida de determinados pacientes a largo plazo.