El mundo está en peligro. Los mercaderes de armas estadounidenses han ganado de nuevo la partida. Van a embolsarse 300.000 millones de dólares en futuras ventas de armas a Estados compradores europeos. Esto es, a costa nuestra. La cumbre de la OTAN en Ankara el 7 y 8 de julio ha sido una mera pantomima para que los comerciantes de armas estadounidenses e israelíes, los fondos de inversión y los fondos soberanos se hagan de oro haciendo caja a costa de prolongar una guerra perdida en Ucrania que sirve únicamente para mantener a un líder que solo sabe pedir dinero ajeno y que desconoce cómo dignificar la política de su país, que ocupa el puesto 104 entre los 180 países más corruptos del mundo (*). Y, sobre todo, que esos mercaderes se enriquezcan más aún a costa de preparar y forzar a Europa a intervenir en otra nueva guerra, de mucha mayor envergadura y a medio plazo, contra China. Si Europa no lo remedia, será el escenario prioritario de tan funesta contienda.
Ahora, en la capital turca, ese dirigente eslavo amigo íntimo de Benjamín Nethanyahu, se ha levantado otros 70.000 millones que saldrán de nuestros bolsillos europeos, para pertrechar sus arsenales. El receptor de esa suma la empleará de nuevo para hostigar a una gran potencia vecina y nuclear, la Federación Rusa, a la que sabe que no puede vencer; no obstante, él compromete a Europa entera impidiéndole desarrollar una real dinámica de paz con Moscú. Por ende, la prolongación de esa guerra fuerza a China a mantener su alianza con Rusia, porque China sabe que será el objetivo bélico siguiente de los ávidos comerciantes de armas que se dicen occidentales y que han dominado, ya no otra vez tras los bastidores sino a cara descubierta, la última cumbre de la OTAN.
Los españoles de a pie no sabemos muy bien qué pintamos, que pintan soldados españoles en los países bálticos, ni qué es realmente lo que defendemos allí. Suscribir por inercia decisiones de la burocracia europea de las que no formamos arte ni parte parece política errada. ¿Defendemos quizás una guerra a favor de un país supuestamente agredido por una gran potencia, a la cual previamente la OTAN cercó militarmente, de una manera intencionada, para obtener, tal vez, la coartada de su reacción militar con la que justificar la contienda? ¿Defendemos acaso una guerra iniciada con el propósito oculto de destruir la Federación Rusa para ocultar asimismo el declive imperial estadounidense como superpotencia a escala mundial, en un mundo cada vez más proclive a una ineludible multilateralidad de la que Washington abomina? ¿O bien participamos consciente o inconscientemente en una guerra de ensayo para preparar y probar las nuevas armas que caracterizarán la magna y prefabricada contienda armada contra China?
Derecho a conocer
Los europeos tenemos derecho a conocer los móviles reales de esa cumbre de la OTAN porque, de no existir una explicación alternativa a la vigente, solo nos queda entender que en verdad han sido los mercaderes del armamento -lo llaman “capacidades”-, los fondos de inversión, fondos buitres y soberanos los beneficiarios exclusivos de lo que se perpetra en nuestro nombre pero en contra de nuestros intereses continentales más necesarios y vividos. No queremos ser llevados otra vez a rastras o de la oreja desde la diplomacia secreta hacia otra conflagración bélica mundial como las dos que ensangrentaron nuestro continente en 1914-1918 y 1939-1945.
Exigimos que se desplieguen esfuerzos reales para poner fin a la guerra en Ucrania y en Irán, que se llegue a la paz pues si la guerra fue posible iniciarla, la paz será también posible concluirla. Exigimos que la confrontación tecnológica, financiera y económica que Estados Unidos libra con China, se resuelva mediante conversaciones, negociaciones, laudos y acuerdos, mediante una competencia leal para ver quién la corona con éxito, no escalando militarmente unos y otros hasta umbrales prebélicos cuajados de riesgos, de los que no puede excluirse el de la presencia masiva del arma nuclear. Exigimos que Europa deje de ser el terreno de confrontación de la potencia declinante, Estados Unidos, y la potencia emergente, China, como todo permite preludiar evocando a Tucídides y su famosa trampa homónima, dado el rearme mutuo y descontrolado que observamos. Exigimos tener autonomía para elegir a nuestros aliados, no que se nos impongan socios lejanos a machamartillo, así como para conocer a nuestros verdaderos adversarios, no los que nos asignan gratuitamente expertos en hacer dinero a costa de desangrar al género humano con guerras y más guerras. Exigimos dejar de apadrinar y justificar las transgresiones criminales y el reiterado pisoteo de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional por parte del actual Gobierno israelí. Y, en lo más cercano, exigimos que las agencias de inteligencia estadounidense e israelíes dejen de intentar desestabilizar, directa o indirectamente, mediante puñetas, sotanas desleales al mensaje vaticano, espionaje telefónico, apagones inéditos o tabloides bastante vendidos, Gobiernos legítimos como el de coalición en España.
Europa árbitro activo
Europa puede y debe ensayar una nueva misión histórica: su conversión en una potencia arbitral activa entre las dos superpotencias en evitación de la atroz guerra estadounidense-china en ciernes. Para ello podrá y deberá movilizar su ascendiente diplomático, institucional, militar, económico y cultural-civilizacional capaz de ofrecer al mundo un arbitraje de concordia real, que contribuya a zanjar las contiendas inter-hegemónicas. Solo así, edificando unas relaciones amistosas y mutas con el otrora hostilizado por Occidente Sur Global, se podrá focalizar todos los esfuerzos y dirigir los recursos necesarios para atajar las rampantes pandemias y los efectos del cambio climático de origen antrópico y cósmico, verdaderos y letales flagelos para la subsistencia de la estirpe humana.
Trascender las directrices actuales de la OTAN, cooptada por una serie de halcones europeos sin alma, que alardea de su vasallaje hacia el presidente más irresponsablemente caprichoso y fatuo de la historia estadounidense, será tarea difícil y muy laboriosa; pero nocivo y letal será transigir con el diktat que nos imponen tipos serviles como Mark Rutte o aduladores como Ursula von der Layen hacia el octogenario niño caprichoso nacido en Queens y malcriado por su papá inmobiliario; Trump se halla hoy noqueado y enredado por Nethanyahu en una guerra imbécil e irreflexiva en Irán y, puertas adentro de su país, en medio de los dos afilados filos de la tijera Marco Rubio-James Vance, que pugnan por sucederle a toda costa. Uno de los dos será el felón que empuñe la daga que Bruto blandió contra Julio César y acabe con el viejo. Ya se muestran excitadamente alterados ante la hecatombe electoral que prevén contemplar para su hoy boss en las elecciones de medio mandato en este otoño.
En Europa quedan cabezas suficientemente aptas para entender que apoyar los planteamientos de Trump y su dividida cuadrilla sobre la OTAN, avalar las partidas a destinar por cada miembro sin que prospere la anhelada autonomía estratégica continental y tragar con la caprichosa serie de sanciones arancelarias que dicta Donald Trump en sus sucesivas fases de bipolaridad patológica, no es otra cosa que un ejercicio suicida para los intereses del Viejo continente. Queremos una Unión Europea realmente europea, que piense en términos europeos, lo cual significa hacerlo, como en su día se hizo, en términos de universalidad; pero nunca como erráticos terminales del casino de Wall Street, del laboratorio conspirador de Langley, del demenciado Sillicon Valley o el desnortado Hollywood: una Europa, para los ciudadanos del mundo. Libre, arbitral y activa. Con esperanza y en paz.
(*España ocupa el puesto 49 en la Lista mundial de Percepción de la Corrupción, que incluye a 180 Estados)