Un estudio realizado por la Universidad de Glasgow y publicado en PLOS Medicine ha revelado una conexión directa entre la inactividad prolongada y un mayor riesgo de muerte por cáncer. Tras seguir a más de 91.000 participantes durante una década, los investigadores determinaron que cada hora continua de sedentarismo diario puede elevar ese riesgo en un 10%. Según los datos, estar sentado más de 30 minutos seguidos resulta particularmente perjudicial para la salud a largo plazo.
La buena noticia es que este peligro es reversible mediante cambios sencillos en la rutina diaria. El equipo ha demostrado que reemplazar una hora de sedentarismo por actividad física ligera —como caminar despacio o realizar tareas domésticas— reduce el riesgo de mortalidad por cáncer en un 12%. Asimismo, los beneficios aumentan significativamente al incrementar la intensidad del movimiento, demostrando que no solo importa el tiempo total de inactividad, sino cómo se distribuye.
El estudio pone el foco en la importancia de «romper» los periodos de tiempo sentado, subrayando que incluso los movimientos más básicos tienen un efecto protector. Frente a las guías tradicionales que priorizan exclusivamente el ejercicio moderado o intenso, los expertos señalan que el movimiento ligero no debe ser ignorado como una estrategia clave de prevención.
En conclusión, los hallazgos sugieren que el estilo de vida sedentario puede mitigarse de manera efectiva con pequeños gestos. Intercalar la jornada con breves paseos o tareas activas se presenta como una herramienta accesible y eficaz para mejorar la salud. Según el investigador Frederick Ho, la clave reside en interrumpir constantemente la inactividad para proteger al organismo de los riesgos asociados a una vida sedentaria.