Eso se preguntaban, la mayoría de los habitantes de ese país de fábulas y de «dimes y diretes».
Pero está visto que a todo se acostumbran las personas.
Todo, porque los dirigentes de ese país, la única verdad que conocían eran sus mentiras, y que las tapaban con un montón de falsas promesas que se las «colaban» a quienes les escuchaban, con un «absurdo entusiasmo».
Después de un tiempo los aborrecían y repudiaban, con todo su ser, al haberse dado cuenta que les habían tratado a todos como tontos, al mentirles siendo repetitiva esa acción pero ellos, siempre esperando…
Eran personas que la única idea que tenían grabada en su mente, era negar la mayor, como norma a seguir, para poder conservar todo lo adquirido, en el menor tiempo posible.
Fueron capaces de vender a sus familias, arruinando su ninguneado prestigio, para meterse de lleno en las más despreciables conductas, que consistían en mentir para triunfar, hasta que fueran cazados y expuestos ante todos.
«Pero eso no lo contemplaban». Estaban por encima de cualquier
currante, cumplidor con su trabajo. Sin dádivas añadidas.
Aquella tarde habían organizado un gran espectáculo, para la exaltación de aquellos falsos líderes, donde cada uno, daría un mitin, exponiendo su buen hacer, durante su mandato.
A las cinco de la tarde, hora muy taurina, llegaron todos con las cabezas altas, la cuadrilla era perfecta y se sentaron en las primeras filas.
Comenzaron las peroratas, a cada cuál más triunfalista y como broche final, aquél magnífico Gurú que los dirigía sonriendo y con los brazos en alto entrelazando los dedos de sus manos.
A todos los del clak, les acompañaban, sus mujeres, esas que solo les servían de atrezo y en honor a la verdad solo eran sus esclavas al servicio de «sus señores», esos que copiaron las costumbres de algunos gobernantes de los países oscurantistas.
Y las ponían en practica, en sus casas, con sus mujeres.
Cuando el gran Gurú se aproximó a la tribuna, explotó la apoteosis entre gritos de ánimo aprobación y «amor infinito» de sus seguidores, está vez, con más fuerza que nunca.
La verdad es que crearon un gran espectáculo, por y para ellos, con una gran exposición de mentiras, sin freno que esa tarde estaban lanzando, a los cuatro vientos, y se sentían escuchados, y se frotaban las manos al saber que pondrían continuar con la gran farsa, que también les iba.
Mientras, todos los que se vendieron, guardaban en paraísos fiscales todo lo «afanado» logrado a base de falsos testimonios, para beneficiar a sus corruptos pagadores, esos qué oprimían al pueblo que representaban, con impuestos altos para luego repartirlo entre los suyos afines, como pago a todos sus impresentables servicios, para qué permanecieran, con las bocas cerradas y que se suponía, serán siempre, sus fieles seguidores pero, cuidado mientras no les cerraran el grifo.
¿Quién te ha visto y quien te ve? Comenta los viejos del lugar.
Mientras en la parte exterior de la plaza, la gente se arremolina y los ánimos se encrespan, querían verles las caras, decían, para poder reconocerlos y que no regresaran jamás.
Pero ese país era muy diferente, a cualquier otro…
Ocurría que eran muy diferentes y entre ellos existía odio por parte de unos, orgullo por parte de otros y los estigmatizados vendidos, al ser unos cobardes mentirosos reiterativos, así que entenderse era muy, muy difícil.
Ahora abundan los cobardes y los liantes, tapando las miserias morales, de esos que nos venden una falsa dignidad, y siempre con esa maldita coletilla de «Son otros tiempos»
Menuda sociedad, la que vivía en ese país, donde por lograr figurar eran capaces de realizar lo qué fuese, solo por y para su propio placer, y se exponían, claro que lo hacían.
Tan seguros se encontraban que no se daban cuenta, que todo… estaba siendo grabado, guardado, dejándolo reposar, hasta el momento oportuno de mostrarlo, y eran ¡Los mismos suyos! ¡Alucinante, los vendieron!
Sea como sea, se comportaban, sin miramiento alguno y así vivían dando un mal ejemplo, sin darse cuenta que estaban convirtiéndose en víctimas, de sus propias, vergonzantes, sucias y manchadas vidas.
Pues al conocerse su trayectoria daban mucha vergüenza, sus actuaciones por encima de todos los sacrificados ciudadanos cumplidores con sus obligaciones para poder mejorar el país, ese que ya no era ni la sombra de lo que fue.
Aquel día, en aquella hora el líder, Gurú de la falsa doctrina, engolando la voz, dirigiéndose a todos dijo.
Hoy estoy aquí para dar una gran noticia para todos los ciudadanos de este país.
Señores me retiro de este mandato, que me está destrozando la vida. ( En ese momento el estruendo fue inmenso y las caras de sorpresa acompañadas de expresiones varias se mezclaban, las mujeres se abrazaban llorando y los hombres se ponían las manos en la cabeza).
El hizo un gesto desde la tribuna de oradores y todos quedaron en silencio.
Señores, amigos y seguidores fieles… Me marcho por ese amor inmenso que siento por mi maravillosa mujer y por mis preciosas hijas a las que adoro y que son, lo más importante en mi vida y no las quiero perjudicar, por más tiempo.
Por eso ya no seguiré permaneciendo a la cabecera de este país y me retiro. Mi salud llega hasta aquí, no puedo más.
Os pido que encontréis al un sustituto o sustituta apropiado a vuestros deseos.
En ese momento el silencio invadió el lugar y en ese momento una mujer de las primeras filas se puso de pie, subió a la tribuna y dirigiéndose a todos dijo con voz firme y fuerte.
¡Yo estoy aquí!
El asombro fue total, cuando se dio la vuelta y vieron que se trataba de la mujer del hombre que dejaba la presidencia y que la amaba profundamente. «Era ella… Su gran amor»
Y ella habló…
Yo recojo la antorcha, que el que fue presidente, ha dejado, sin fuego, porque la dejó apagarse…
En ese momento, alguien le acercó una nueva antorcha y con un mechero, ella la prendió y dijo…
Yo, estoy preparada, para hacer renacer la luz que perdimos…
Yo también por amor, la acepto y por amor, lucharé por conseguir ser, lo que siempre he querido ser. La Presidenta.
Y el lugar se vino abajo entre vítores aplausos y guapa, guapa…
Todos aplaudían y pronunciaban su nombre.
Qué gran día, dijeron todos y se marcharon a sus casas para
asimilar lo que habían vivido.
Y este cuento, se acabó… ¿O el auténtico cuento, fue el primero?
Quien mira a los demás, por encima del hombro, suele construir un muro de inseguridades.
La soberbia, ciega a las personas, tenerlo en cuenta.