Un equipo liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto que el retraso en el crecimiento postnatal no siempre se debe a fallos en la hormona del crecimiento, sino a una conexión nerviosa deficiente entre el cerebro y el hígado. Este estudio, publicado en Communications Biology, demuestra que el hígado requiere señales específicas del sistema nervioso simpático para producir IGF-1, una molécula fundamental para el desarrollo corporal.
El hallazgo, realizado mediante modelos animales y analizando casos clínicos de pacientes con mutaciones en la proteína Cdh1, explica que el hígado puede dejar de sintetizar IGF-1 aunque la hormona del crecimiento y sus receptores funcionen correctamente. En estos casos, la alteración en el desarrollo del sistema nervioso impide que la señal llegue adecuadamente al órgano, lo que bloquea la producción de la hormona necesaria para el crecimiento físico.
Uno de los resultados más esperanzadores del estudio es que la administración temprana de IGF-1 exógena logró revertir gran parte del retraso en el crecimiento en los modelos analizados. Este éxito terapéutico, aunque no corrige la conexión nerviosa, abre la puerta a futuras aplicaciones clínicas que podrían mejorar significativamente la calidad de vida de niños con trastornos del neurodesarrollo asociados a esta deficiencia.
Los expertos subrayan que este trabajo cambia la forma de entender el crecimiento corporal al desplazar el foco hacia el sistema nervioso periférico. A futuro, el equipo investigará si este tipo de «desconexiones» entre el cerebro y otros órganos vitales podría estar implicado en el origen de trastornos como el autismo y otras alteraciones del neurodesarrollo cuyos mecanismos siguen siendo desconocidos.