Hoy en día, las relaciones de pareja resultan de lo más complejo y complicado por sí mismas. Tanto más si resulta que las ex se entrometen constantemente en tu relación con el único y exclusivo objetivo que hacer que su infelicidad sea la de los demás.
Mantener a flote una relación con una ex en la espalda intentando dominar tu vida y la de tu pareja, es la losa más lapidaria que una persona puede tener.
Cuando hablamos que hay criaturas de por medio la situación se complica todavía más, ya que, en ocasiones, pasan a formar parte de una fuente de presión emocional con la que la ex en cuestión pretende dominar ya a su antojo. Afortunadamente, no se puede generalizar.
Las mujeres han luchado a lo largo de muchos años para poder lograr derechos que evidentemente les pertenecen.
Pero cuando pasan a formar parte de una unión de pareja donde por suerte, o más bien por desgracia para el hombre, mantienen un estado económico holgado, muchas mujeres pasan a olvidar lo que significa la lucha femenina por la igualdad.
Muchas de ellas se suelen llamar progresistas.
Mujeres que luchan abiertamente por los derechos de las demás pero que a la hora de la verdad, cuando su vida de pareja se rompe, se convierten de la noche a la mañana en mujeres desprotegidas porque su nivel de vida, que no la de sus hijos, se convierte en “normal”.
A partir de ese momento pasan a formar parte de un grupo de mujeres desvalidas, aún teniendo capacidad para trabajar, salud y recursos.
Parece que de golpe esos discursos sobre la independencia femenina se esfuman. Es entonces cuando se confunden las necesidades reales de un hijo con las necesidades materiales de una madre, y eso no es justo.
Lo que un hijo necesita es tener una estabilidad emocional y la seguridad de poder disfrutar de su padre y de su madre por igual.
Las mujeres que hemos tenido que luchar para sacar adelante a nuestros hijos solas por diferentes motivos, no podemos defender nunca ese estereotipo de mujer que no quiere tener claro lo que una pensión de alimentos implica: son para el cuidado de los hijos, para cubrir sus necesidades.
No son en ningún momento para ser utilizadas con el mero fin de que el progenitor que mantiene la custodia financie su tren de vida.
El drama superior llega cuando el padre decide pedir una custodia compartida. Es ese momento, en el que se cuestiona más la estabilidad económica del progenitor custodio, porque se ve amenazada, que el derecho al niño de poder disfrutar por igual del cariño del padre y de la madre.
Es en este momento donde las madres debemos realmente demostrar la madurez que se nos supone para ser madres y poner por encima de todo, salvo en casos de vulnerabilidad, la felicidad de los pequeños para que crezcan con un padre presente.
Cuando se observa de cerca la realidad de un padre que quiere estar así, presente, se hace evidente el sufrimiento diario por las trabas constantes; por el dolor que eso ocasiona no solamente en ellos, sino también en las personas que están alrededor.
Por la injusticia de ver que a veces se convierte a los hijos en elementos de negociación económica y de desgaste psicológico con el mero objetivo de menoscabar al otro a ojos del niño.
El mejor favor que podemos hacer a nuestra sociedad es educar a nuestros niños en la libertad. La que te hace responsable de tus propios actos y la que hace que veamos a los hijos como una responsabilidad compartida y nunca como un objeto en propiedad.
Marila Sanz, profesora